(Rítmicamente y fracasado) En espacios, casi reducidos, desaparezco de mí. Retorno al útero que me gestó. y, al amanecer, nazco feliz, sonriente. Luego, vuelo, muero y nuevamente se repite la jugada, macabra, de la vida misma. (Echo a reír) Y que ironía más espero de este mundo entuerto. Tocando la guitarra, me hundo en frustraciones. Más abajo que mis oraciones, mis poesías y mis cuentos de noches oscuras. Eso, como siempre, produce en mí un rito: Escuchar a los que saben y disfrutar (Yo nunca pude tocar la guitarra ni instrumento alguno, a pesar que mis hermanos son buenos músicos). Pero disfruto. Pero me bajo. El sonido de las cuerdas, todas, rítmicas al compás de los dedos del maestro. Pero me irrito. Yo quiero ser el que toca, completamente enamorado, de aquella mujer de madera. Mi única amante que ha rechazado ser adorada, confundida de noche y de día. Quiero su cuerpo, sus cabellos por el puente de su razón, sus melodías de la boca fina, armoniosas palabras. Quiero ser Ulises, ...