miércoles, 25 de abril de 2007

Guerras libradas de la razón armada, como excusa




Razón,
estado de pasión
y fervor del ego mismo.
Fe,
insaciable apetito
de la nada misma,
por la misma nada
que lo explica todo.
Amor,
gobierno pobre
y maltrecho de algún lugar
lejano, olvidado,
del corazón humano.
Pero con tantos soldados
como el peor de los Estados.



Crujían las huestes todas y socavaban el suelo de piedras oscuras de aquella persona a la que el amor invadía con su orgullo y galantería.
Ejército sin piedad que cobraba nuevamente dos víctimas modernas, coherentes y las hacía vacilar por todo y la nada.
Déspota de plata y oro que generaba hormonas como lanzaba fuegos por las bocas que besaban labios ajenos y practicaban el arte de la guerra y el desgaste.
Madre de los placeres mundanos condenados al perverso acto del sexo puro y eterno en goces plácidos, contagiosos y repetitivos.
Condenados a muerte en el uno y para el otro, sin más que un pacto. La caricia como firma, como unión, como simple escribano que consta lo que solo ve.
Sentimiento de enfermarse siempre, casi al punto de la agonía.
Temerarios corsarios que roban hasta las últimas gotas de sudor y sangre en diferentes camas y lugares deseados para el acto de dos cuerpos desnudos.

Hoy, se concretó la ansiada proeza de llegar a caballo por aquellas llanuras de piel. Recodo imaginario de un pedazo de carne que vive, transpira y desea las armas todas de la seducción.
Hoy, preparo y afilo mis armas todas para defenderme. Ya lo conozco. He intentado luchar y me ha vencido más de unas cuantas veces.
Hoy, salgo a pelear nuevamente porque sigue mis pasos y ha encontrado el lugar estratégico para, nuevamente, vencerme.
Hoy, intento solo escapar armado de razón, ni fe ni corazón, pero se que los trae como infantería para poder aplastar mis ironías todas sobre la vida misma.

Es intenso el combate.
Es doloroso el miedo a perder de nuevo y no saber que hacer.
Es insultante como este ejército pelea a más no poder y, como siempre, ganará mis entrañas y se las llevará de trofeo por cada lugar que frecuentaba.

Ella, solo espera. Creo que su bandera de rendición está presente.
Ella, ha rendido su ejército y lo unió al del amor.
Ella, desea que pierda y me rinda o que muera si es necesario.
Ella, es ahora la enemiga, la más cruel.
Ella, en sus miradas todas, en sus espadas todas, en sus armas todas, es mortal para mi piel.

Acabo de lograr una tregua.
Un cese de fuego gobierna la calma de esta tarde.
Una bandera de paz espera llegar a diálogos diplomáticos.
Ya no sé, hoy fue cruel y la noche anterior sobre la cama fue una carnicería.
Hay demasiadas bajas.
Mis victorias todas fueron fracasos ante el amor.
Mis derrotas todas fueron victorias ante el amor.
Se acerca la noche, espero con ansias dormir tranquilo.

La tregua no duró mucho más allá que esa noche.
He caído ante el ejército del amor.
Ella montaba su caballo y clavó sobre mi pecho su lanza y arrancó mi corazón.
Hoy, como si nada, lo devora plácida ante mi cadáver dispuesto a besar sus pies y subir a recibir el perdón de la resistencia.

Cansado de amar toda la noche, será la recompensa dormir a su lado, por todas estas tierras conquistadas.
Entregado, por tu amor y el mío, me uno a tu cruzada, ahora de amante, ya soy soldado.

El silencio
marca la hora.
Te amo,
dicen las 9:35
Te amo,
más.
Dicen las 10:35
Ahora, solo se
que de noche
amándote
espero por cada momento
que mis tiempos y los tuyos
se crucen en el reloj.






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