domingo 8 de noviembre de 2009

Lobo


Patear la puerta
morderte el cuello
y seguir

Patear la puerta
morderte el cuello
besarte, casi no.
y seguir.

Patear la puerta
morderte el cuello
besarte, casi no.
Tomar tu mano
y seguir.

Patear la puerta
morderte el cuello
besarte, casi no.
Tomar tu mano
y desnudarte, lento.
Y Seguir.


Será la actitud, ingresar, besarte tanto al punto de perder el aire y cerrar los ojos en el desmayo. Sentir latir tu cuerpo y ver que tus músculos responden al estímulo cercano del aire caliente de mi boca que baja y sube buscando el punto exacto al morir.
Como un lobo respiro. Como un lobo jadeo y te busco. Mas no poder, como un lobo devoro tu cuerpo arrancándote el deseo y llevándolo en mis fauces. Como un lobo, enceguecido, te pido lamento y lloro a la misma luna que se esconde, no me quiere ver y busca raudo el sol para que despierte.
Como buen lobo vuelvo de tu cueva a la mía.
Duermo.
Tranquilo por esta noche.
Te dejo dormir
Te dejo sentir que cansada por el día a día duermes más como si morir fuera eso, solo dormir.


Y seguir,
lento, desnudarte y
tus manos.
Casi no besarte,
mordido tu cuello,
cierro la puerta.

Me voy.

domingo 1 de noviembre de 2009

Crónica


… terrible marea....
El barco, anclado, resiste.
Terrible tormenta.
El barco anclado resiste.




El barco anclado
se hunde.

El barco, anclado, ya hundido, ya no resiste.

¿Quién dará puerto a los muertos?
¿Quién?

Todos tus mares
todos tu vientos
todos y cada uno de tus alientos al sol del veneno y la misma muerte refrescante de invierno que congela las velas y no te deja salir.

Muerto el capitán.
Muerta tu gloria.
Muerta tu tripulación.
Muerto tu barco.
Hunde el dedo en lo profundo y mueres mas de mil veces.



Vale tu puerto anclado, el viento soplando, la gente muerta, las vidas ahogadas, las tormentas pasadas y la ira de Poseidón ante el ocaso de tus días plenos. Vale tus velas rasgadas y tu sol de niebla y tu marea alta.
Vale pensar en aquellos días.
Vale, pero es tan lejano.
Vale escribir.


El recuerdo invade las diferentes maneras del mismo vivir. Y, por cierto, vale vivir mucho más que las mismas velas al viento, el sol en la cara, el aliento a sal, las diferentes culturas y la tierra que se posa sobre los diferentes puertos besando las costas del mar eterno. Vale esto, mucho más, que la eterna nada de los navegantes, viajeros de puerto errantes, en esta consolada isla de mucho y de nada.



Hoy, hundido veré cuán profundo será la nada.
Hoy, hundido soy mar.
Fusionado.
Hoy, sin querer busqué los mapas, recorrí con el dedo las pieles secas de la misma sal y anclé en puertos pasados con el mismo dedo que las recorría con gracia mundana.


Me gusta ser un ahogado de ti.
Me gusta perder el barco.
Me gusta hundirme.

Y te gusta mi dedo de mapas.
Te gusta la sal.
Te gusta el agua.




Darío, escribiendo en el recuerdo del olvido.