jueves, 27 de abril de 2017

Madre del miedo


Ibrahim, un pequeño de 8 años que murió mientras buscaba a 
toda su familia, luego de las bombas que cayeron en su ciudad: Deera. 




La madre de todas las bombas.
El miedo.
La bomba de todas las madres, los padres y los niños.
El miedo.
Elude el aire que se respira y lo enciende en un espasmódico evento funerario. Sepultan la verdad y te generan el miedo justo y necesario.
La muerte es el padre en su derrotero ansiado.
El miedo.
El fuego, familiar cercano de la Bomba madre y del padre muerte, te desliza sobre la piel las intenciones de violarte cada átomo.
Los miedos todos son sus hijos, pequeños demonios que aturden las cabezas y los cuerpos hambrientos.
La sangre helada es el cóctel que brota roja, azul, densa, seca.
La vehemencia es lo único que te salva.

La madre de todos los miedos es bomba y muerte.
La guerra es su elixir y nada en él día y noche.
Te espanta.
Te dice hacia donde correr, desesperada, de los embates nocturnos con sofisticadas repuestas tele dirigidas te arrastra por las fronteras perdiendo niños, padres y madres.
Viene por cada puerta y por cada piedra que fue tu segura morada.
Viene, cae y te levanta.
Mata.
Destroza.
Exaspera.
Ciega.
Destruye al grado celular y te evapora.
Ella, la madre de todas las bombas, te moja la oreja mientras habla y te dice que hoy alguien no vive.




“...La rabia imperio asesino de niños...”
Vos, muerte.
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