domingo, 15 de abril de 2007

Receta de una noche plácida frente al espejo de mi cocina naturalmente soberbia


Solo es calor
y mágico.
El sudor,
gotas y amor.
Una cucharada
de centellas.
Una pizca,
para ver como me estrella
esa penumbra
y mi soledad,
al caldo oscuro
de mi interior
y mi olla
tan llena de ego
que ofrece diversos
juegos,
cálidos aromas.




Progenitor de lazos crueles en máscaras que fortalecen a las más perversas aptitudes infrahumanas.
Ahí va mi ser. Cuerda siniestra que no termina y que debo balancearme con el péndulo del tiempo golpeándome la cara de vergüenza sin caer al infierno esperado por los devoradores de pecados.
Sinceramente, ya nada es lo mismo.
Hoy, entre ese no-se-qué de las cosas pálidas y sin gustos, corro por el andén esperando superar al aire que nos separa entre el tren de la vida y mi vida sobre el riel y los chicos que gritan mensajero oscuro sobre mi rostro claro.
Pero nada es igual.
Una vez más me levanto de la cama y piso el suelo ensangrentado por no haber amado como se debe.
Como un caballero levanto mi corazón y lo envuelvo en papel de poesía y luego lo arrojo al basurero. Alguien seguramente querrá reciclarlo. Vuelvo a tomarlo. Lo miro y me siento sobre el piso del balcón con el salero y bocado a bocado lo trago. Las arcadas de ese corazón que se resiste volver al interior de esta persona. Yo, espero que se ubique de nuevo en el lugar que corresponde, como se ubican las cosas sin sentido o las que les dimos sentidos de odio, amor, placer, confusión, duración, calma y soberbia.
No, ya no.
Mi estómago lo recibe casi como esperando algo, pero la comida no me pasa por la garganta y nuevamente intento tragarlo con un poco más de sangre nueva.
Ya no tengo esa voluntad natural de salir a buscar doncellas y chuparles las venas del cuello. Busco algo que no recuerdo. Busco placer y encuentro dolor. Busco amor y te recuerdo. Pero sin corazón, es difícil entender el cómo y el cuándo.
Me pregunto en voz baja ¿Será?
Me contesto en voz alta. No.
Y luego recuerdo que no pude terminar de comer el corazón que yacía en el piso de la habitación. También busco miles de excusas para no contestar una carta escrita con la sangre del puñal que lo extirpó.
He conocido gente nueva.
He conocido a mi amiga, la quiero mucho. También hay mucha gente que quiero, pero a ella será por el entendimiento que ambos tenemos de nuestras incansables caminatas hacia la nada de los nadies.
He conocido a otras personas sinceras en escrituras puras. A ellas las amo, pero no ese amor morboso rebuscado solo por el placer de quedar agotado en sudor de sexo y alfombra.
He conocido a nuevos compañeros de viajes, cada uno tiene su estrella y recorre la galaxia como hoy lo hago yo.
Ayer compré un caldo de verdura.
Hoy me dispongo a devolver al corazón a su lugar en un delicioso manjar con velas, vinos, platos, salsas, mesas, entradas, postres, agua, hermanos, sobrinos, tíos, primos, amigos, padres y demás personas que suban a la alta cumbre de mi ego. Todos y vos, están invitados. El camino es corto al principio, pero al final es tan largo que ni yo mismo puedo ver hacia abajo sin pensar que si me caigo arruino el banquete.
Tengo lo que necesito.
En la lista del mercado incluí mi humildad deshidratada en sobrecitos, dos kilos menos de soberbia, siete pancitos de aptitud, dos redondas y maduras vidas. Un par de abrazos a los demás y cuatro a los que quiero de verdad. Un placer de mis días de enamorado. Ocho rompedores de hedonismos frescos, recién arrancados. Una planta de raíces de mis cosas. Una bolsa para la basura de mi yo interior.
También una gaseosa. Un vino, el mismo que tomábamos envenenados de noches y sexo.
Y, como cierre de mis compras, un corazón nuevo por si el que tengo no se cocina bien y quedo mal visto por los invitados que nunca llegarán.

Esta noche abro la puerta.
Mañana a la mañana la resaca de la parranda sonará en mi cabeza.
Espero que sí.
Espero.
Si.



Tu veneno
y el mío
La misma copa,
tu boca
y la mía
Y el beso al borde del vidrio
Tan cálido
que caigo envilecido por
mi propio pasado
y tu fortuito
destino.




Para Sol… ella lo leyó primero que yo
y como me admira y yo la admiro, se lo comparto primero.
Para quien quiera cocinarse en caldo suave de la vida diaria.
Para quien tiene mi corazón, por favor llamar… y comunicarse con
Darío de La Oscuridad a Diario, muchas gracias.
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