domingo, 8 de abril de 2007

Momento Frustrado

(Rítmicamente y fracasado)


En espacios,
casi reducidos,
desaparezco de mí.
Retorno al útero que me gestó.
y, al amanecer,
nazco feliz,
sonriente.
Luego, vuelo,
muero
y nuevamente
se repite la jugada,
macabra,
de la vida misma.
(Echo a reír) Y que ironía más espero de este mundo entuerto.



Tocando la guitarra, me hundo en frustraciones. Más abajo que mis oraciones, mis poesías y mis cuentos de noches oscuras. Eso, como siempre, produce en mí un rito: Escuchar a los que saben y disfrutar (Yo nunca pude tocar la guitarra ni instrumento alguno, a pesar que mis hermanos son buenos músicos).
Pero disfruto. Pero me bajo. El sonido de las cuerdas, todas, rítmicas al compás de los dedos del maestro.
Pero me irrito. Yo quiero ser el que toca, completamente enamorado, de aquella mujer de madera. Mi única amante que ha rechazado ser adorada, confundida de noche y de día. Quiero su cuerpo, sus cabellos por el puente de su razón, sus melodías de la boca fina, armoniosas palabras.
Quiero ser Ulises, caer ante su voz, soltarme y nadar del barco ignorante y enamorarme hasta morir entre mis brazos con ella, la sirena, la devoradora de hombres amantes del buen arte de tocar la guitarra.
Mi música, triste. Mis llantos grises. Mis dedos, inútiles ante su firmeza de negarme.
Hoy, mis manos en ti, quisieron aparentar. Hoy, nuevamente sufrí.Quizás mañana, quizás en la eterna plaza de mis días, saldré contigo, con historias, cuentos y amigos y te besaré. Tranquilo por el placer de aprender. Templado por ser tu amante enamorado de tu ojo en guiño, para poder caer y morir sabiendo que me has aceptado. Y nada más.



Merezco la puñalada.
Muerte cruel.
Tenebrosa,
que me inquieta en sueños.
Prefiero saber que la bala
me mata.
Prefiero saber que dormido
he muerto.
Pero macabro puñal,
hoy has provocado
la muerte del ingrato,
feo y sucio,
corazón de maltratos.
Y, ella, sonriente,
toca sus cuerdas.
Queriendo,
me maneja (cual títere).
Me maneja, no me suelta.
No me deja morir,
como se muere
cuando no se sabe
que uno ya fue cadáver
al intentar escucharte
o solo por acercarse
engañados por las melodías
de tus más finas tretas.


Honor.
Conocedor de historias.
Cantor,
con gloria
la toca.
Pero ella,
enojada o gustosa
grita desesperada
sobre sus corridas
en ese puente,
sobre ese brazo.
Los dedos, todos,
La tocan.
Bello cuerpo,
enamorado,
de los hombres valientes.
Hoy, en silencio, me has rechazado.
Una y otra vez y una vez más.
Insisto. Siempre.
Pues te amo,
tanto, como tus rechazos en llantos.



(Para vos, enamorada de todos.
Mujer de madera que nunca has querido ser tocada por mis manos.
Ni moldeada ni amada.
Yo te espero.
Sueño, despierto, verte conmigo sobre el césped tocándonos nervosamente por esa primera vez, que todos tienen.)

Darío de la Oscuridad a Diario.
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