viernes, 20 de abril de 2007

Ítems varios del día


Desolada
huye,
casi corriendo por esa oscuridad.
Hoy, solo hoy,
has hablado
y nada.
Pero es todo
para mí, ya todo es eso.



Atrofiada la mente del niño que intenta colocar las piezas en un lugar vacío de su vida.

Desarmado por el intento de buscar las hojas que el otoño brindó y que él se durmió para despertar en inviernos crudos de fríos oscuros.

Hundido, más nada, el barco que tenía a sus tripulantes galantes en histéricas pasarelas hoy yace como tumba en su propio fondo de mar.

Desesperado, hoy ya nada es igual.

El intento profano de escarbar tierra con las manos y volcarla encima, tapándome de una vez y para siempre.

Cruzar rosas con espinas y practicar el juego de a quién le duele más o sangra igual y teñir más de rojo las flores dispersas ya muertas al nacer.

Destinar minutos, horas y días a contar cada segundo que atormenta mi paciencia al intentar recuperar los que pasaron, juntarlos con los que vienen y buscar los que no están.

Llorar cuantas veces yo no quiera sobre mi rostro mojado de largas noches en velas, cremando mi cuerpo con el mismo alcohol de la anterior y de la próxima pasada.

Creerse dios, de dioses, y sentarse un rato a descansar sobre mis restos mortales sin nada más que ver que dios no existe y yo, soy el que yace.

Permitirse salir un rato del cuerpo y ver que la realidad me rodea y pone las mismas cosas siempre, casi como trampas, para poder hacer que de una vez enfrente la vida sin volar y sin salir.

Jugar conmigo y mi niño interior tan escondido dentro de mí que casi es autista de su propia oscuridad solitaria.

Penar ante el tema que te recuerda a mí, a vos, a ella, a nosotros, a vosotros y a ellos y no saber qué verbo poner ante tal magnitud de sentimientos.

Aprender a los golpes, de los golpes por aprender que eso no se hace o no se debe y volver porque es gustoso aprender o es masoquista golpearse solo por querer.

Contagiarse de varios virus y bacterias que la gente deja y culpar al cuerpo por su debilidad ante otro cuerpo infectado del mismo virus o bacteria.

Retroceder con el pensamiento para saber que retroceder solo pensando es tan inútil como buscar un plano para construir una máquina de tiempo y pensar que se puede cambiar algo que no se pudo en ese momento inmaduro.

Ver que tus amantes todas tienen algo en común con la nada de los amantes que ya no saben de ti, ni menos que menos de mí.

Fumarse la vida en esperanzas de humo y alcohol mirando el cielo y pidiendo que un rayo caiga cuando las nubes desvanecen en la oscuridad de los parpados caídos por el embriagado amor que ya no puede ser.

Quitarse de mentiras para poder volver a mentir y mentirse que ya no se puede mentir más en esta nueva vida.

Buscar la puta palabra que no sale cuando uno intenta ser sincero con uno mismo ante el juez espejo que nos mira en la mañana y nos culpa por callar.

Y, negarse todo lo que escribió durante el trance de escribir, con todos los ítems a definir en una vida plagada de hechos propios de un gran cáncer de corazón.

O, querer a los desconocidos que siempre tienen la suerte de tener más razón que los que siempre me dijeron que tenían razón y no lo escuchaba porque mis latidos de vida estaban en mis propios oídos.

Malgastarme sobre el piso llorando, arrodillado esperando el disparo en la nuca de un calibre superior para que me vuele la cabeza y termine por limpiarme las lágrimas idiotas que brotan por mi culpa, mis malditas culpas.



Ya nada es gris.
Hoy, es oscuro, pero tan claro.
En coincidencia con el día,
busco mi oscuridad.
Escribo mi ponencia magistral.
Describo mi ser.
Transmito mi pesar.
Y busco idolatrar,
para no pecar de soberbio,
y gastar más mi ego sobre mi ego
que no se va, solo lo refuerzo.
Publicar un comentario