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Regresión

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Como en oscuridad, cobijados por un manto de tierra neutral, de incógnito sobre un costado de la ciudad y a la espera de uno por el otro y viceversa. Ambos se encuentran en una calle que de por sí nadie circula a cierta hora de la noche e intentan cerrar en ellos, entre ellos, sobre ellos y delante de ellos, una distancia. Pasajes sin retornos, ellos se buscan. Ella sale en su búsqueda, él la encuentra en su afán de ser cazado. A cierta hora, los papeles vuelan con el viento. Pasa un auto, se detiene. El tiempo recorre lento, suave y con aromas. La gente baja desconfiada de sus casas y ven que dos son uno y uno de dos y no entiende, ya que a cierta hora no hay nadie, menos dos en uno. Y que el tiempo retrocede en esos momentos y que uno vuelve a sus edades de corazón y que ya nada importa. El ruido de las diferentes casas se acoplan, ya sólo se escucha el silencio del gemido. También en la penumbra hay vida. Una mano, un corazón latiendo, los dedos, los labios, el cuello. Todo, e...

Tribulación Blues

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Antes que nada -o leer- pone este acompañamiento. Esa noche, oscura, caminé tranquilo pensando que el manto oscuro y las sombras me cubriría de mí, de los demás, que no hacen otra cosa que adelantar los pasos por miedo al mismo miedo interno de deambular holgados, sedientos y porfiados. -Las noches son de guitarras- me dije en silencio. No sé por qué, solo quise sentirme internamente acompañado de algo cabalístico. Enroqué la vereda y salté la calle como si el espacio de su ancho fuese una diminuta línea. Suelo hacer escalas de esquinas en mis cruces, para despistar a las sombras y ver que ellas me siguen realmente a mí o son independientes. Por momentos el largo de ellas van de un lado a otro, se acercan y luego me pasan alejándose en el futuro. Pisándome los pies o siendo devoradas por mi andar. No es fácil, la noche no es tranquila para nadie, la madrugada en asecho no es lugar para vivir y caminaba rápido -Noche, madrugada, día y un blues es tranquilizante y para no p...

Puntos y fugas

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El dedo sólo es un observador. Intenté dibuja tu cuerpo. El dedo sólo es un baqueano de tierra erógena, esos que en las guerras saben de rutas y atajos. Pinté con saliva una idea. La dibujé con líneas y trazas. Presentí que mi lienzo de piel sucumbía. Tus labios, mordidos, intentaba ser críticos de arte. ¡Será posible! Quise dibujar, pero el punto de fuga me sedujo, me voy saltando el alambrado. Mi mano sobre tu vientre, me llevo los lápices. De rodillas para el perdón, la pared es infinita. "...Tu manos dibujando en el aire..." Desde afuera del alambrado, Darío . La Oscuridad a Diario .

Inventario

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Al abrir encontré que me quedó el aire. Me quedó un encendedor. Me quedó un sabor. Me quedó el humo del cigarrillo compartido. Me quedó tiempo libre al mediodía. Me quedó un paseo sentado en el banco esperando. Me quedó el frío de calles cruzadas. Me quedó una imagen con tus pasos cortos viniendo. Me quedó un llamado y varios mensajes. Me quedó un sin fin de cartas que no llegaron, que se quemaron, y si llegaron no están y si ardieron ya no estarán. Me quedó la escalera sin ascensor y una tarde sin luz. Me quedó la almohada desnuda. Me quedó la ropa sin prisa. Me quedó tu mirada, de tiza. Me quedó tu aroma a selvanegra y tus manos de enredadera. Me quedó un trozo de cielo y tu hermosa imagen de tu estrella. Me quedó una canción, triste, canción al fin. Me quedó eso, aquel día, esa, aquella tarde. Sumando espacio para guardar más gotas, lágrimas de por medio que se confunden pero tienen sus sabores de sal indescriptibles. Restando tiempos pasados para poder guardar ocasiones futur...

Miradas

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Recuerdo sus días, desde el primero. El día exacto que nos miramos a los ojos. Una tarde, tomando algo con amigos, una pícara, me pregunta quien fue o es mi amor, aquel que uno no olvida, aquel que se lo merece. Yo la miré. Estudié rápido su jugada, le conté. _ Un hombre. -Dije y sonreí en silencio- Un hombre hermoso. Todos miraron los gestos que cada uno hizo. Los míos se taparon detrás de un vaso, los de ella, que levantando la ceja derecha intuían que algo no cuadraba. Los que me conocen se reían, los que entraron en el instante previo a la pregunta se quedaron esperando la segunda parte. _ ¿Un hombre? -Dice, espera más- ¡Contame! _ Si, un hombre hermoso. -Me acomodo, dejo mi relajada situación en la silla, busco un cigarrillo.- Lo esperé mucho. Esa noche, principalmente desde la mañana anterior, ya lo estaba esperando. -Explico con las manos, como suelo explicar los síntomas de mis sentimientos- Costó mucho entender que si venía lo tenía que amar, casi sin conocerlo, porque s...

Sueño

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¡Basta! Declaremos que somos tan incompetentes como nos compete el tiempo que llevamos mirando los sueños internos pasados y, con sólo eso, pensar en la realidad andante, sonante e inquieta de nuestras sábanas. Y dije basta porque uno no puede vivir con los párpados pegados a las manos y, entre los dedos, ver tu cara sonriendo en cualquier afiche, de cualquier calle, de cualquier lugar. El insomnio mata a los devoradores noctámbulos. Los destroza. Les quema las cabezas. Arden en llamas. Se tocan con tu nombre. Lo recuerdan. Se marchitan en el tiempo y vuelven a florecer cuando, al pasar los años, se encuentran radiantes y sudorosos entre las almohadas tumbadas, desnudas y la oscuridad de ese preciso mediodía de invierno en el mar de los mares. Sí, basta. Porque los ojos saltan de sus órbitas al verte, flequillo abajo, los tuyos devorando. Sí, basta. Diría en un sueño despierto. Pero no es más que un sueño y desperté preguntando si lo dije en voz alta o en silencio. Encan...

Cartas que nunca se leerán

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Nunca llegó el cartero. Esperé sentado en la vereda, sobre el cordón, para aventajar al hombre que siempre trae señales del mundo exterior. Esa mañana, mientras esperaba, pensaba en voz baja. Miraba a la vecina que salió tres veces, de las cuales dos me miró como sorprendida, una saludó, la del final, la que me pudo reconocer que era yo el que estaba esperando algo, fumando. El perro de Don Pascual es insoportable. Ya sea de noche o de día, es insoportable como el mismo dueño, un ex ferrocarrilero que no hace otra cosa que quejarse de la jubilación, del partido, del tiempo, del gobierno y de sus días. Me di cuenta que se ladra de la misma manera cuando se comparten cosas, como la vida. Tenía esperanza que la carta enviada tenga repuestas. Si, las tenían las otras dos enviadas, devueltas, y nuevamente enviada a vos. No las podía dejar así, solas, esperando una aclaración que el tiempo mismo no las daba. Porque si algo es tirano es el tiempo. El cazador de hombres, el devorador de su...