Manos que hablan
-No hay modos -decía amablemente mientras fumaba con una mano y con la otra tomaba la taza de café desde su pequeña oreja. Acariciaba el borde del pocillo con los labios y una nube densa de humo, mientras regía el orden de las cosas desde la ventana. _ ¿Ves? - Apuntaba nuevamente desde el vidrio con sus dedos hacia una señora que apenas caminaba, pero perseveraba su andar entre los jóvenes descontrolados por el calor. - A uno le enseñaban a cuidar a los demás, acompañar a esta dama, a salir del camino, a tener respeto.- Bostezó y se acomodó en su silla, mientras apagaba el cigarrillo. Me senté a su lado, también mirando las caras ajenas que pasaban desbordadas por ser día antes de navidad. En estos días todos corren, vuelan, saltan y se masturban con los regalos para los hijos, primos, tíos, abuelos y demás personas que durante todo el año uno las ignora. Pero es navidad y hay que complacer. Vidas sexuales disimiles y predecibles, rápidas y sin sentidos. Por eso, el “No hay modos” su...