Reflejo

Se compró un árbol. También costeó a su perro nuevo, recién nacido y alimentado aún de la teta de su madre. Lo extirpó de ella porque él pagó por su separación. Se consiguió el último pedazo de torta de la heladera de aquella panadería y miró con desprecio a quien osaba ir por aquel magnífico bocado. Cuando salió por la puerta, la cerró y al hombre de las dádivas le dio un botón viejo que guarda en su bolsillo para estos casos. En donde dice “no pisar el césped” caminó plácido, se detuvo, arrancó una flor y luego la tiró al asfalto caliente del medio día de enero. Cruzó la calle sin mirar a los costados y detuvo el tráfico. No se apuró mucho, ya que se arregló el pantalón que lo tenía bajo. Al subir a la vereda se encontró con un pequeño gato, muy pequeño, que le hacía mimos y lo corrió a las patadas. Al llegar a su casa no hizo otra cosa más que sacar la basura en pleno calor y colocarla en el piso y no en el canasto. Para la tarde los perros del vecindario destrozarían las bolsas y ...