lunes, 21 de abril de 2014

Viaje y tu virtualidad




_ Deseo dormir en el viaje de ida. Sobre tu falda - Dije mientras hablaba de mí la radio -
Lentamente cerraba los ojos y escuchaba el rumor de una nota que decía y desdecía palabras mías. Una especie de fortuna ingrata. No quería dormir, no así y con los derivados de drogas por venir e intenté salir de tu vientre, desnudo, creo, y mirar al exterior del auto. Seguían hablando. Parecía que mientras yo más quería desaparecer más palabras soltaban ira y amor. Quiero tu falda, te dije despacio, cuando la boca no se dominaba y caía entre tus piernas. Soy una estrella fugaz. Se que lo fuí hace mucho y hoy tomo vuelo nuevamente.
_ Creo que estamos llegando. Levanta la cabeza y saluda al público - Dijiste, creí escucharte, no sé que pasaba, pero si en definitiva era a mí  porque me estabas mirando-
Incliné el asiento del auto y me fui hacia atrás. Recorrí tus piernas, tu aroma.
Solía comer chocolate muy de vez en cuando, de chico. El chocolate tenía un gusto menos azucarado y no acaramelado e industrial como ahora. Era ese olor lejano, tu falda, y tu entrepierna. La radio decía sonidos inconexos que repetían nombres y hombres. Uno a uno salían del parlante y yo intentaba cerrar un ojo a la vez, callarme, comer el chocolate y degustarlo a la edad que merecía el tiempo pasado. Así fue. La radio cambió de temperamento y afuera, entre los vidrios y el mundo, llovía.
No suelo desconocer los sueños, suelo no soñarlos. Soñar toda la noche, entrepiernas, y desear el néctar que el chocolate y tu antaño perfume no deja de ser un psicotrópico deseo de poder tenerte una vez más. Cerca, más cerca, la música de la radio sonaba lejana y apática. Soles correr bajo al lluvia para no mojarte, la humedad nos mata a todos, a vos te perjudica, según tus palabras, cada peinado. No recuerdo como salí del auto. Empujé una gran puerta, la quité de su silencio y el auto desapareció. Nos es fácil recordar, pero sentí tus manos. Tu boca estaba predicando deseo y caí lentamente en un letargo de espasmos de eyaculación placentera. Pedí tu cuerpo, mil veces. Pedía tu aroma. Allí la radio saltó al silencio confundiendo las horas. De tarde, la lluvia logró lo que quería. Dejé de consumir, me dije. Encerrado en el humo, solté la mano cuando caía en una serpentina de pesadillas continuas y te recordé hoy. Hace rato que no te veía. Tocaste mi mejilla, esa noche, lo recuerdo.
La radio preguntó del porqué nos habíamos escapado y cuanto tiempo estaríamos lejos de los demás.
El despertar, acostumbrarse a la pesada tarea de soportar la resaca y ver que el tiempo borró lo construido en un estado fragmentado del tiempo, cuesta el olvido.



Creo firmemente que Led Zeppelin sigue aún,
a pesar del tiempo,
usando ácido lisérgico en su música a través de la radio.

Se defiende el tiempo de sus olvidos
Los míos son etapas que van
y, de ves en cuando,
vuelven como palabras.

Sin defensas, Darío desde La Oscuridad a Diario.
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