lunes, 28 de marzo de 2011

Sonriendo de nada


Se consumió todo lo que había en la mesa, marcado para compartir, en el caso que alguien quisiera compartir. Al finalizar cerró los ojos y su nariz aún sentía la picazón. Tomó del pico de la botella y se limpió la boca del mal gusto. Miró a los presentes, en cuerpo, y se echó hacia atrás esperando el golpe de gracia. Prende un cigarrillo. Lo fuma lento, mira a la nada, y estorba a su compañera que, sin parar, arremetía sobre su bragueta buscando una erección así podían consumar una penetración sobre el suelo del living, a la vista de todos, los presentes en cuerpo.

Él intentó bajarse hasta las rodillas el pantalón, pero ella seguía intentando concentrarse en su pene, mientras lo acariciaba y le hablaba de labios pintados. Ambos terminaron en el suelo. Ella se reía y tomaba de la misma botella. Los demás solo esperaban la hora, cualquiera, pero esperaban pacientes la llegada. Ella se bajó sus bragas, se sacó al ropa interior, se acariciaba lentamente toda. Se reía y él era feliz en ese momento. Ella se tira al piso, cara con cara, y se tocaba, lo besaba y con la otra mano ayudaba a una masturbación vernácula.

Uno de los zombie del grupo sale a su falda, se baja la bragueta y, excitado, busca penetrarla mientras ella abría las piernas tocándose y riendo para su gusto interno. Llegó una, dos y tres veces al orgasmo, lo mordió en la tetilla derecha cuando se levantó y se ubicó con el culo al aire, hacia arriba, mientras miraba a su amor libre sobre el suelo, sonriendo de nada, mientras el zombie la acaricia nuevamente, la besa en sus partes y nuevamente la penetra. Ella, mientras despoja de su camisa a su amor, cortando los botones, apoya sus labios sobre el pecho exclamando más y más duros golpes en la penetración. Insiste en tener algo con él, pero él no está. Ya se apagó.

La madrugada fue fría. Ella tirada, desnuda, sobre un cadáver y varios dolores de cabezas sobre el sillón del living.




...Noches en las que desearíamos que nos pasaran la mano por el lomo, y en las que súbitamente se comprende que no hay ternura comparable a la de acariciar algo que duerme...”

Oliverio Girondo – Nocturno.



Si lo dice Oliverio, yo no soy nadie.

Nadie, desde la Oscuridad a Diario.

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