jueves, 14 de octubre de 2010

Oscuro incierto


Apagamos las últimas luces y sentimos eso. No sé qué. Quise mover el dedo para buscar un punto de referencia y no pude. No quise. No sé qué.

Era miedo, medio miedo. Era algo oscuro el pasillo o del todo, no lo recuerdo bien. Sé que cuando solté el dedo de la llave y se apagó la luz se sintió seco y cercano. Un golpe raro o algo que cayó. No sabría como describir lo que no se sabe como es. Aposté, internamente, que sólo era la nada y mi imaginación. Le quise preguntar a Flo si ella lo había escuchado, se que sí y la vi, como en la oscuridad vemos a las personas, detenida y en silencio. Casi expectante y esperando que yo le diga algo y la saque de ese trance idiota que ambos habíamos caído por ese ruido o algo, no sé qué.

Intenté moverme y mirar sobre mis hombros, atrás había sonado ese no sé qué espantoso y seco. No pude, no quise o simplemente tenía miedo de encontrar algo diferente, fuera de lo común o normal. Ella intentó moverse. La vi como uno ve en la misma oscuridad de la nada y vino hacia mí.

Yo solté la llave de luz y la abracé. Fueron segundos. Pero el trayecto de centímetros era más largo que de lo normal, así como el tiempo que pasaba.

_¿Qué fue ese sonido? -En voz baja y al oído le dije.

_ Otra lámpara quemada, ya van dos. - Susurra, ajustándose un no se qué en la cabeza.

_ Mañana paso por el supermercado y compro. -Aseguré.

_ Listo.

Emprendimos el camino hacia la habitación y solo recuerdo que dormí, pues al otro día se quemaron dos lámparas más.




Solemos armar de algo sencillo una mínima complicación.

También queremos crear de la nada un montón de nada.


Desde el Supermercado a casa de casa a La oscuridad a Diario, Darío.

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