miércoles, 6 de octubre de 2010

No Big Bang



No todo surgió así, como dicen, de la nada y aún así es una mentira porque de la nada no se hace más que un montón de nada. Por eso todo surgió de algo y de un montón de algo que no era otra cosa que una sola parte de lo anterior y nada.

La masa que involucraba dicha partícula de materia había implosionado miles de millones de veces más. No era raro que hoy esté cambiando para ser parte del nuevo evento. Un espiral incontenible e impensado de eventos cíclicos catastróficos que rodea y bordea lo inimaginable o imaginado. Por lo menos en este momento. El vacío absoluto no era tal. Había un punto, denso, opaco, invisible, que ocupaba el todo. Resistiendo. Pidiendo a silencios un ya basta. Su entorno lo obligó a comprimirse, a dar espacio donde no lo hay.

Miles de millones de veces lo hizo. De una o miles de millones maneras diferentes. Hoy era una. Intemporal en su forma, pero marcadamente a tiempo. Inexplicable o relativo, dirían luego y sería marcado como posible en el futuro cercano. No se refería a nada ni tenía nada que ver con lo que sucedería después.

No se habla de amor. Ni de sueños. Ni de soles. Ni primaveras.

No se habla de cuántica. No se habla de espacio. No se habla de nada. No hay sonido alguno que lo describa ni que lo escuche una oreja antigua lejana. Si alguien lo escuchó cometió un error macabro de robarle el universo formado por esta inusual anomalía pasajera.

Cuando explotó brotó de ella lo que vemos, tocamos, olfateamos, comemos y miles de millones de puntos de referencias. No lo hizo por caprichos banales. No tiene forma, ni la tuvo cuando surge de la misma y compacta materia solitaria de miles de millones de veces escasa y abundante.

Un hilo conductor que choca y recrea lo mismo una y otra vez en diferentes tamaños que se entrelazan miles de millones de veces más para terminar, o comenzar, nuevamente a lo que está al final o al principio del mismo y único universo.

Por lo mismo ¿qué nos dice cuando es momento de terminar y cuando de empezar?





Amaba la física cuántica.

Conté cuantas veces amé.

Físicamente la amaba.

No necesité ir al Balseiro para confirmar lo que me gusta.

Ni al MIT para investigarlo.



Darío desde este universo llamado a ciencia cierta La Oscuridad a Diario.

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