domingo, 1 de noviembre de 2009

Crónica


… terrible marea....
El barco, anclado, resiste.
Terrible tormenta.
El barco anclado resiste.




El barco anclado
se hunde.

El barco, anclado, ya hundido, ya no resiste.

¿Quién dará puerto a los muertos?
¿Quién?

Todos tus mares
todos tu vientos
todos y cada uno de tus alientos al sol del veneno y la misma muerte refrescante de invierno que congela las velas y no te deja salir.

Muerto el capitán.
Muerta tu gloria.
Muerta tu tripulación.
Muerto tu barco.
Hunde el dedo en lo profundo y mueres mas de mil veces.



Vale tu puerto anclado, el viento soplando, la gente muerta, las vidas ahogadas, las tormentas pasadas y la ira de Poseidón ante el ocaso de tus días plenos. Vale tus velas rasgadas y tu sol de niebla y tu marea alta.
Vale pensar en aquellos días.
Vale, pero es tan lejano.
Vale escribir.


El recuerdo invade las diferentes maneras del mismo vivir. Y, por cierto, vale vivir mucho más que las mismas velas al viento, el sol en la cara, el aliento a sal, las diferentes culturas y la tierra que se posa sobre los diferentes puertos besando las costas del mar eterno. Vale esto, mucho más, que la eterna nada de los navegantes, viajeros de puerto errantes, en esta consolada isla de mucho y de nada.



Hoy, hundido veré cuán profundo será la nada.
Hoy, hundido soy mar.
Fusionado.
Hoy, sin querer busqué los mapas, recorrí con el dedo las pieles secas de la misma sal y anclé en puertos pasados con el mismo dedo que las recorría con gracia mundana.


Me gusta ser un ahogado de ti.
Me gusta perder el barco.
Me gusta hundirme.

Y te gusta mi dedo de mapas.
Te gusta la sal.
Te gusta el agua.




Darío, escribiendo en el recuerdo del olvido.
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