jueves, 26 de noviembre de 2009

Insanía


Y el tiempo
tenebroso,
tiempo al fin,
sigue como si nada su curso.

Y los días
nublados,
lluviosos al fin,
siguen pasando sin curso.


Como el río desbordado, sin curso, pasan las primaveras. Los veranos, intensos del mismo sudor estampado, quieren seguir de largo, pero el otoño oscurece su creación, los diluye en aguas torrentosas y deja que los inviernos los tape con oscuridad y tenue brillo de sol.

Apoplejía de la consciencia perdida. No hay atrás. No hay adonde. No hay preguntas. No hay deseos. No hay cantos ni vidas sueltas por los terrenos.
Nada inquieta, nada se torna morado u oscuro. Ni tornasolado.
Ninguno fue, nadie se aplaca, todos se esconden y queda la nada de gobernante obsoleto de los pasos en aprieto del mismo tiempo invencible.
Aparto los pies del suelo.
Miro mis manos, las llevo lentamente a la boca y las soplo. Dos, tres veces más y no hay palomas. Tampoco, desde hace tiempo hay magia. El mundo pierde lentamente su agonía y lo conduce a su propia piedra basal que le indicará que hoy hubo a la tarde, antes de caer el sol, un mundo, mañana no.


No de golpe,
la muerte,
cae por todos a buscarnos

No de golpe,
el aire,
se enrarece misteriosamente

No a los golpes
no, por favor.







Darío... en aires insanos, en La Oscuridad a Diario.
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