lunes, 16 de noviembre de 2009

Diferencias


Ni el tiempo
tempestades absurdas que nos envejecen.
Ni el tramo
distancia alejada de la misma realidad.

Intuyo mi vida
plagada de muertes
de balas
de mi propia muerte.
Intuyo tu cara
plagada de bronca
de palabras
de mi propia muerte

Ni el tiempo
odiosa clara consecuencia pasada
Ni el tramo
de aquel hola hasta este adiós.


En su transparencia desconsolada arrebatamos los dados y sorteamos el momento. No hay espacio. Hoy muero de espanto y resucito mil, millones de veces, antes que despiertes.
Tu cuerpo extraña mi forma.
Tu cuerpo, egoísta, no se alista a mis moldes y corro desnudo para sentirme solo, al viento, solo en soledad a tono.
Hijas del sol y de la luna.
Hijos de la misma tierra nacen y mueren en combate con sus propios infiernos. Los mercaderes de la misma muerte intuyen el final. Ya no puedo escapar, sabelo, muero de nuevo y no dejo de llevarme a los que quiero que desaparezcan del mismo suelo. No, no seré yo sólo el que se presente en tu infierno de sangre, mar salado y tierra muerta. No, no seré yo sólo el culpable de las diferentes dolientes.
Pierdo mis brazos por abrazarte.
Pierdo mis ojos por mirarte.
Pierdo mis piernas por acompañarte.
Pero no pierdo el coraje de seguir adelante con lo que ya, de antemano, estaba pedido. No, no dejaré de recorrer el suelo peregrino de las antiguas cosechas, de los grandes ríos, de tus lágrimas sombrías del no poder comer y del morir de hambre y de cansancio por pedirlo.


Ni el tiempo
ni el mismo tramo recorrido se detendrá.
Ni el camino
frenará la gran ola humana que saldrá.

Ni tus labios
ni tu cuerpo
ni los diferentes y burlones rincones de tu piel desnuda.
Amo más el suelo, sobre el suelo, amo mejor.





Darío, lejos y cerca de los ríos y de los mares...
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