lunes, 4 de junio de 2007

Liar la vida

Alguien que conozco,
tocó lo que desconozco
y lo mezcló.
Ahora,
por miedo,
me encuentro.
Ahora es momento.
Ahora, estoy yo.




Insoportable silencio que debo aguantar, más nada será.
Lo difícil.
Lo imposible.
¿Qué tan lejos llegaré?
Lo que quiera, me responde internamente el mí interior con una mueca.
Ni mi ser quiere hablarme.

Ven a mí.
¿Cuánto más perderemos?
Solo será tocar tu rostro.
Y los segundos pasarán. Las horas también.
Pero que hago ahora, me conformo con esa aptitud, esa mano.
Dibujando, solo la mueca de tu enorme sonrisa.

Ocasionalmente, destapo mis notas.
Normalmente las soplo.
Les quito las vetas del tiempo.
¿Cuánto tiempo?
Ya no sé, pero es eterno.
Lo que perturba es que en todas hay algo de vos.

Imaginariamente te hablo en códigos creados para tal fin.
Decodificados solamente por los ecos.
Espacios vacíos.
Rincones lejanos.
¿Cuál es el tiempo de la eternidad?
Pregunto y la repuesta no llega, aún, a mis oídos abiertos.

Amar, tanto, tanto, tanto que se hace repetitivo.
¿Casi insoportable?
Casi lejano.
Casi olvidado.
Casi, sin palabras, una poesía no escrita ni en letras y en sangre.
Sin piel que la contenga.

Buscar lo bueno, tener miedo y desertar.
Algo así, pero cambiado.
Algo será parte de esa penuria en espera.
Siempre lo bueno se pierde.
Y lo malo… solo es el extrañarlo.
¿Será el precio justo pagarlo?

Y mirarte a la cara.
Tomar tus manos.
Besarte.
Jugar nuevamente a seducirte.
¿Lograrlo?
Y ver como te alejas ondeante bajo la luna.

Correr los riesgos que eso implica.
Complica.
Explica.
Incita.
Y provoca malestares, mariposas todas, en la barriga.
Las buenas, no las de mis mentiras.

Ahora, tomo el tiempo.
Espero.
Ahora miro hacia atrás y recuerdo.
Pasado.
Ahora, me muero de ganas por contarle a mi mano
cuanto hace que deseo tener ese milagro.





Simulacro de remontar el barrilete que me lleve al arcoiris.
Simulacro de ver el viento,
de frente.
Ver llover más lejos,
casi ausente.
Pero solo es eso,
un simulacro.
Cuando estés
lo armaré con mis manos
y, al pasar la lluvia,
el arcoiris solo tendrá tus colores.
y los colores tu nombre.
Llámame suelto de ideas,
pero que lindo será
ver que la tormenta
dejó de bramar.
A lo lejos.
A lo lejos
de nuestro amor.




“Que adelantas sabiendo mi nombre…” Si yo te lo digo siempre, en cada imagen fantasma, en cada sorbo de vino… pero, por las dudas: Darío de La Oscuridad a Diario.
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