domingo, 10 de abril de 2016

Partenogenesis




Juguemos con tiempos, aquellos pequeños placeres que se pueden recorrer con una máquina que te pasea en contraluz de tu vida y la mía.

Te extraño. Vi tu cuerpo tan cerca del mío que sentí tu perfume de piel resistente al olvido.
Te vi, se que eras vos la que corría en detalles en esa nube de inciertos, gente y demás mundanos imperfectos.
Te perdí. Hace tiempo te hice ir.

Te despojo de mi.
Me comí tu ego. Te devoré en cada encuentro por partes y me quedabas a mano para seguir camino.
Succioné tu llanto interno y viví para mí tu pesar, robando en noches cortas tus piernas.
Te llame, estaba cerca de tu casa y tu ventana se asociaba a la mía y dijiste que si, que permitamos fusionar tu centro y el mío. Una, dos, tres, cuatro veces, días, meses, años.
Quedé sorprendido.
Hablaste.
Hola.
Sin importar, el universo es una bola infinita de un superlíquido que no es homogéneo aún.
Lo interesante es que esto es solo un instante.
¿Y si este estadio temporal que me tocó vivir del universo fuese pasado no me perdería la oportunidad de fusionarme al superíquido universal y no gozar contigo una singularidad cuántica?





¿Y si realmente es sólo un mota cuántica el tiempo?
El Tiempo no existe.

Darío desde La Oscuridad a Dario
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