sábado, 23 de enero de 2016

Tranquilo, Boby, tranquilo






Acarició mi cabeza apretando la herida. Desmejorando mi pelo ensangrentado. Me hablo al oído murmurando palabras inconexas. Un “te quiero” quitando la mano y dejando caer mi cabeza que suena hueca. Que duele. Que palpita zumbando al oído para nunca más escucharlo. Que machacó mis dedos luego de sentir el sonido a huesos rotos, gritar. Gritar mientras los dientes salen de la boca. Gritar sin voz al vacío inconfundible que después de una patada viene otra. Llorar implorando que el cerebro se desconecte de vos, te abandone para no orinarse mientras te arrastran y ves que tus piernas siguen con vos, que no se cortaron, que aún les queda dignidad.
Hace calor y el sol te deja sentir ardor intenso en la cara. La nariz expele sangre seca y la boca es un incontrolable vibrar. Hay vapor. Hay luz, fuerte. Es sólo una imagen dolorida, nada de sentidos. Por lo visto terminó.
_ ¡Gané! Y mi cerebro lloró. Tenía esa sensación de llorar feliz y ser feliz llorando.




 Darío, desde La Oscuridad a Diario.
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