sábado, 19 de septiembre de 2015

Eternidades




Se distrajo. Miró hacia el costado menos oscuro. La luz llamo. La luz quería su atención.
Droga divina, ingresar en el meloso encanto de calidez. Un pequeño llamado y tu atención cae. Descuidé por una eternidad escueta y fugaz mi objetivo y fracasé por ese momento que se describe como un sin fin de oportunidades únicas.
Los disparos, la guerra y sus múltiples ocasiones en donde un increíble miedo a morir te da impunidad para matar. Agitar el corazón y pensar que matando uno vive. Llevar a tus muertos en cada disparo, a la noche, cuando el sueño quiere eliminarte, porque dormir en pleno combate equivale no despertar a la mañana.
Creo que hace dos días que no duermo.
Se despertó. Había el mismo olor a sangre y humo que rodean los cadáveres que alfombran los campos de batallas.
El color característico de los cuerpos apagados, no es un gris, no es rosa, no es oscuro, pero tampoco claro. Cuando las rocas en comparación tienen mucho más vida. El olor que llega al estómago vació que devuelve una melaza hacia al garganta. La bocanada de aire que hace salir inevitablemente la bilis y moja todos los cadáveres del día. Estaban para quemar y quemarme.
Estaba vivo, creo.








La guerre, nous et une éternité l'instant...

Darío
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