sábado, 12 de noviembre de 2011

La foto



No se trata de ejercer un derecho o una obligación al respecto. Se trata simplemente de otorgarle al otro un lugar, algo, un momento. La muerte es eso, un lugar, un momento eterno hasta que la mente del que te recuerda te trae, te revive y, en el tiempo te mata, te olvida, te desaparece.

_ Yo quería recordarte- Le dice a la foto. La besa lentamente y se abraza a una copa. Ella lloró poco, pero lloró más cuando se acordó- Yo quería abrazarte y decir que algo más me pasaba y no era solamente un momento en aquella cama esa noche eterna, suave, caliente, húmeda e inentendible.

_ Yo también. No soy una foto solamente, sabes que no soy esa foto que nos hace jóvenes. Esa noche yo lloré al principio porque te perdía para siempre. ¿Te acordás que te dije te amo?

_ Sí, me acuerdo- Mientras se limpia la cara que corría en lágrimas y maquillaje- Vos no dijiste lo que yo tenía que escuchar, dijiste otra cosa –Lloró con el vaso en su boca, que brilló nuevamente, él la miró, la recordó tal cual como la dejó esa mañana en su cama, transpirada, solloza y con su boca inflamada por el éxtasis.

_Dije te amo. Tenía que decirlo porque lo sentía. Tenía las ganas de decirte –Se acerca, la toma del pelo y de su nuca, pasando sus manos ásperas por detrás se acerca al oído, la domina y corre su pelo que en su mejor época era una manto oscuro, libre y corto.- tu cuerpo me corrompe, ahora, antes y siempre, te necesito, te vengo a buscar.

Ella se corre, lo mira fijo e intenta entender. Suelta la foto y cae al suelo con los ojos abiertos e intenta contestarle. Él no la suelta, la contiene. Quiere explicarle que la necesita más que un simple recuerdo. La foto cae al suelo, la levanta mientras ella suavemente se acomoda sobre el piso.

_ Yo no quiero irme. No puedo. Sabes que no puedo y era sólo eso, un recuerdo, una idea, un momento como todas las cosas que nos pasó allá lejos y hace tiempo. Éramos jóvenes ocupados, estábamos en lo nuestro y era nuestro tiempo –Vuelven sus lágrimas, pero esta vez son de tristeza ajena, distante y de amor- Yo también te quise. Ese día morí con vos cuando caíste sin respirar a mis pies, quise desatarte, sacarte el nudo del cuello pero comprendí que vos disfrutabas y yo saltaba de éxtasis, pidiendo más. Morí cuando entendí que vos te fuiste por mi culpa, por mi egoísmo, pero estaba segura que vos te fuiste disfrutando el momento y eso alivió mi culpa.

_ Olvidame y nunca más vendré. No te pediré más que llores por mí ni te vayas conmigo.

_  Pasó tiempo y si puedo olvidarte. Ya te olvidaré. Cuando seas viento, cuando salgas de esta habitación, yo misma me encargaré de perder tu recuerdo.

_ Gracias, necesito morir en una foto, en un momento, en tu cuerpo.






Acá estoy, sigo hacia adelante como la misma utopía.
Desde La Oscuridad a Diario, Darío.
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