viernes, 7 de octubre de 2011

Rabia





... La esperanza de un mundo mejor, la imagen por la cual vale la pena arriesgar la vida, sacrificarse hasta la muerte en los campos de batalla de todos los continentes del mundo...”
Y así cayó de su isla, un continente, y se hincó sobre su columna, tocando las nubes, pinchando el cielo con su fusil, sin pretender nada a cambio, sólo la vida que la tenía color arcoiris. Al hombro se carga a los hombres que van cayendo. Al hombro se pone a su dama y al mundo, América entera que corre de sangre en sangre y uno, dos o tres Vietnam, contra el mando de los halcones que, como a cuervos camuflados, se les nota la muerte y sus garras. El no tiene miedo. Nadie tiene miedo junto a él. El corre entre balas. Todos corren con él y bailan entre las metrallas. Así, como si nada, él intenta libertad, habla libertad, ríe libertad, llora esperanza, sueña futuros presentes y contradice la gravedad de los medios de miedos.
Guevara está en Bolivia, anuncian, y el Che es un peligro, dicen, la tropa que dirige es la púa que corta la selva que ahora vale más que el oro que cae, cae, cae de las bolsas y del mundo.
Así pasó la vida.
Así pasó su muerte.
Así, como matando al perro se acababa la rabia, él nos enseñó que la rabia de los pueblos no es por el perro, ni sus costumbres y sus enfermedades, es por el collar que cada vez, desde que cayó en manos de sus asesinos, nos aprieta el cuello hasta matarnos en sus fábricas de picar carne.
“(...) Y sobre todo, sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda de un revolucionario.”




A 44 años de su caída, no en combate, sino asesinado.
Al Comandante Ernesto Che Guevara.

Desde La Oscuridad a Diario





Publicar un comentario