sábado, 1 de octubre de 2011

Estado



_ Pero la risa -sorbo de por medio para que no se enfríe el café- la risa es como la fiebre, viste. Cuando la enfermedad avanza el cuerpo responde con fiebre. O sea, es la alegría una enfermedad momentánea y la risa su síntoma.
Miro mi poco vino que queda, me relajo un poco -sé que parece que no escuchara, pero no, estoy atento- y prendo ese cigarrillo que durará exactamente 10 minutos.
_ No -mientras tiro el humo- no creo así que sea la risa. La risa es un estado de ánimo y no tiene que ver con la felicidad siempre. Uno ríe, si, por felicidad. Otros lloran por felicidad. Unos lloran mientras ríen y otros lloran mientras sufren. La risa es un estado más de ánimo.
_ Si, lo sé. - Apura el café- pero la felicidad y la tristeza son estados, no la risa. Ella es un síntoma.
_ Sí, también es un síntoma. Pero, fijate. La gente demuestra en las calles los gestos. Sus estados en los rostros, en el andar, en el cuerpo y con acciones. Siempre – Fumo, largo el humo y tiro la ceniza sobre mi remera, bajo la mirada, pero no pierdo el hilo.- vos te pones a mirar. A ver, allá, la chica que habla con el flaco, la de azul, al costado. Él está hablando y ella se toca los labios, los muerde disimuladamente, lo desea. Se lo dice en la cara y él sigue con su perorata. Quizás contándole el nuevo juego de Play que compró.
Se ríe y me mira enojada. Yo la miro entre cada palabra, ya que sus gestos importan tanto como el discurso.
_ Eso es prejuicio. ¿Y si le está hablando sobre el sexo de anoche y ella lo recuerda, lo desea por eso? A parte, no tiene nada que ver con lo que decíamos.
_Sí tiene que ver. Su estado es de excitación. Se calentó mirándolo o escuchándolo. Puede ser, ya sea que el flaco hable de las guerras médicas o del programa de la comuna de París ella está excitada.
Siento el calor del vino y en el dedo el calor del cigarrillo que se consume. Fumo lo que queda, ya se fue uno más.
_ Digamos que está excitada, porque el flaco la calienta, pero no puede estar en “risa” como estado emocional.
_ Sí, sale de acá y cuando camina hacia la nada, su hogar, se irá riendo de si, recordando. Ese estado es “risa”. La risa no tiene que ver con la felicidad. La otra vez me contaban una tragedia personal, un maltrato físico, y mientras lo hacía reía cada cinco minutos. -La copa se calienta, se siente en la sangre y tomo el sorbo lejano de su espesura.- eso lo hace en forma de defensa, de tapar una una tragedia con un estado que es “risa” porque no es ni malo ni bueno y disimula lo feliz de salvarse y lo triste de vivirlo.
Las miradas no bajan, el debate sigue. Estuvimos horas hablando. Riendo, mientras la copa de vino bajaba y el café se enfriaba. La tarde ya casi es noche.
Salí caminando. Tomé la diagonal, bajé al subte y cuando esperaba el coche me vi en un reflejo de publicidad, riendo.
_ Ves -dije con una mueca en la cara- ese es el estado que quiero, la risa en las caras de los demás que se contagia en mi cara mientras hablamos.
El subte llega, no se borra fácilmente el estado nuevo de la risa con el tiempo, con el ruido.




Río porque me gusta reír.
La risa es un estado de ánimo, la necesito y un placer, lo necesito.


Darío, desde La Oscuridad a Diario.




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