viernes, 26 de agosto de 2011

Miradas


Recuerdo sus días, desde el primero. El día exacto que nos miramos a los ojos. Una tarde, tomando algo con amigos, una pícara, me pregunta quien fue o es mi amor, aquel que uno no olvida, aquel que se lo merece. Yo la miré. Estudié rápido su jugada, le conté.

_ Un hombre. -Dije y sonreí en silencio- Un hombre hermoso.

Todos miraron los gestos que cada uno hizo. Los míos se taparon detrás de un vaso, los de ella, que levantando la ceja derecha intuían que algo no cuadraba. Los que me conocen se reían, los que entraron en el instante previo a la pregunta se quedaron esperando la segunda parte.

_ ¿Un hombre? -Dice, espera más- ¡Contame!

_ Si, un hombre hermoso. -Me acomodo, dejo mi relajada situación en la silla, busco un cigarrillo.- Lo esperé mucho. Esa noche, principalmente desde la mañana anterior, ya lo estaba esperando. -Explico con las manos, como suelo explicar los síntomas de mis sentimientos- Costó mucho entender que si venía lo tenía que amar, casi sin conocerlo, porque sentía ese no-se-qué interior que te mueve las tripas, el estómago se te traba y las chispas de tu cuerpo estallan ante la sensación que está cerca, que sabes que viene. -El resto sentía que en silencio se entendía, ella me miraba e intentaba saber-

_ ¿Si? Que lindo -Dice incómoda-

_ Si, es hermoso. A la media noche llegó. No lo vi entrar porque un grupo de idiotas pasó, se quedó a saludarme, yo los corté rápido, no es oportuno que alguien venga y corte ese momento que es mío, que fue y es de los dos. -Prendo un cigarrillo dejando la espera, el silencio.- Subí las escaleras porque sentí que estaba entrando, corrí.

Allí estaba. -Cambio los gestos, todos notan mi cara, una amiga se ríe y sonríe porque hay amor en un gesto, los rostros se colorean cuando algo lindo ocurre, los ojos se convierten en vidrio y reflejan el alma. Eso era mi rostro, un cuadro, coloreado- Me acerqué. No lo veía bien.

_ Pero, digo -Acota sin esperar- ¿No lo conocías? ¿Qué, fue como un levante o una cita a ciegas?

_ No, ya lo había visto, por eso sabía que venía. Pero sí, fue algo así como una cita a ciegas.

_ Bien, contame.-Insiste que siga, el resto escucha. Toma una cerveza más. Yo fumo.- Dale, me gusta.

_ Si, lo tenía así de cerca -Un gesto con la mano en mi rostro- Así, cerca. Él estaba tapado.

_¿Tapado?

_ Si, dejame que te cuente. Estaba tapado. Su rostro no lo conocía. Luego, segundos después de haber entendido todo, sus ojos negros, vivos, brillantes me estudiaron. Nos enamoramos desde ese día. Esa noche lloré, nos abrazamos, lloré mientras él no entendía. -Todos callados. Nadie decía nada, mientras no entendía por qué lloré, por qué mi rostro quería llorar de nuevo- Así es como hasta hoy amo a un hombre.

_ Pero ¿quién es? -Dice, en voz baja, sin entender.

_ Ese pequeño envoltorio que venía de las manos de una enfermera, me miró. No me dijo papá, yo si le dije hijo, porque me enamoró hasta hoy, hasta mañana, siempre.



Un hombre, que pulverizó una rosa con solo mirarla, eso es rebelarse.

Hoy, ese hombre, cumple 13 años.


Darío, desde su lugar, para él.


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