martes, 30 de agosto de 2011

Inventario


Al abrir encontré que me quedó el aire.

Me quedó un encendedor. Me quedó un sabor. Me quedó el humo del cigarrillo compartido. Me quedó tiempo libre al mediodía. Me quedó un paseo sentado en el banco esperando. Me quedó el frío de calles cruzadas. Me quedó una imagen con tus pasos cortos viniendo. Me quedó un llamado y varios mensajes. Me quedó un sin fin de cartas que no llegaron, que se quemaron, y si llegaron no están y si ardieron ya no estarán. Me quedó la escalera sin ascensor y una tarde sin luz. Me quedó la almohada desnuda. Me quedó la ropa sin prisa. Me quedó tu mirada, de tiza. Me quedó tu aroma a selvanegra y tus manos de enredadera. Me quedó un trozo de cielo y tu hermosa imagen de tu estrella. Me quedó una canción, triste, canción al fin. Me quedó eso, aquel día, esa, aquella tarde.

Sumando espacio para guardar más gotas, lágrimas de por medio que se confunden pero tienen sus sabores de sal indescriptibles. Restando tiempos pasados para poder guardar ocasiones futuras. Entre la suma y la resta está tu palabra. Entre las ganancias, tu cuerpo desnudo, tu infancia. Entre los papeles en blanco están las poesías. Entre las cartas los cuentos y entre mis manos tus manos.

Ayer, buscando lugar, encontré tu sonrisa.

Ayer, buscando un lugar para reír, no encontré un por qué.

El viento frío de la noche me dice que no mire más al cielo, que no te busque, y partí hacia mí buscando entre las calles los perros que antes ladraban al vagabundo de hoy.

Tal ves me equivoqué, el inventario que hice en mi caja de sorpresa ya no es sorpresa.




A Pandora se le acusan los males de la humanidad.

Yo me acuso.


Darío desde La Oscuridad a Diario.

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