viernes, 20 de mayo de 2011

Vientos


Solo viento, bajaba despacio. Solo viento acompañaba la caída de los diferentes cadáveres de aquella tarde sobre el frío asfalto inquietante y gris oscuro marchito. Solo viento, lo recordé, lo pediste y te lo dí.

Soplé, levemente, entre tus valles. Escalé, húmedo, y mi nariz se topó con tu pezón insignificante y lo acune entre mis dientes, suave. Le dediqué palabras groseras, en silencio, con la boca abierta, y te llamé cuando desde lo alto de aquella cumbre te miré. Vos no me viste, yo te llamé, el cálido vendaval de mi aliento formó tumultos en tu piel y bajé las escaleras con mi lengua hacia el valle, nuevamente. Mi dijiste que me detenga y me quedé. Extrañando el recorrido de la pampa húmeda, los campos de girasoles, el sol de ternura, la cosecha de locura y tu bajo vientre.

La tierra tiembla. Tiembla más hoy que mañana y que ayer mismo. Ya no hay grises, solo es luz tenue, los ojos, tu piel, la cama y una noche afuera que no quiero ver ahora, si sus estrellas. Trabajé incansable en mi caminata de inquietud sobre tu piel para alcanzarte y llegar a pedirte el agua, tu néctar, la cascada de intensidad, la fuente de la eterna juventud. La besé, la tomé entre mis manos y la besé. Nuevamente el viento, cálido, de mi aliento la aviva y te llenas de manchas rojas en los labios. La enfermedad hoy es solo síntoma, fiebre y brota de ti el sudor. Pido con mis dos manos, con mis dedos minúsculos y con mi boca de labios suaves tus besos de amapolas, de rosas, de flor de pasionaria y espero el cántaro acostumbrado que me tiene enajenado y ya no quiero otra cosa que volver a pedir que nacer, que sería solo la primera instancia como excusa para entrar y morir una y cien veces más.

Ayer me dije que estaba harto de pensar que lo harto era ver que el viento cálido del otoño húmedo sostiene la muerte de cada una de esas hojas que caen. Quiero ser viento, miré tu cuerpo, quiero recorrerlo, te abracé anoche, rocé tu piel y me fundí a tal punto que nuevamente mi boca es viento cálido y húmedo, vos sos hoja, yo te llevo.




Insignificante placer.

Tu dibujo en piel y sus besos a colores.


Desde acá, por allá, pero siempre en La Oscuridad a Diario

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