miércoles, 16 de marzo de 2011

Besos en palabras


Intentó entonar un canto, con la guitarra en la mano, soltando las palabras, sin decir que era y logró un beso. Cantar un beso. Cantarlo en voz alta. Cantarlo al estilo francés o inglés. A ella, la del beso, no sabe que cantando se puede besar. Cantando en voz alta. En los labios de una guitarra, cantando como se canta cuando uno se baña o cuando se está frente a un auditorio que quiere ser besado por aquellas palabras.

Tomó nota. Cantó dos tonos. Tomó el lápiz. Pensó lo que quería y besó con el fino sabor de las palabras un beso sobre el papel blanco pálido. Su boca, mientras escribía, intentó modelar y ella, en la lejanía, sentía su presencia cercana. Se mojó los labios y cerró los ojos. Entreabrió uno, miró la nada y sintió palabras. Palabras escritas en papeles blancos.

Logró captar su atención el suave trazo de lápiz. Lo deslizó lentamente tantas veces como pensaba besarla. Su curiosidad cremosa al deslizar el suave grafito húmedo crea la inquietud morbosa de pretender acercarse en vientos a los labios y cerrar los ojos, guitarra en mano, y pretender abrir uno, deseándola encontrar.

Intentó toda la noche escribir. Un beso, eso quería. Esa boca, decía, deseaba un dibujo de labios y palabras andantes.

A la madrugada abandona sus cuidados y el trazo. Cerró sus notas. Cerró los ojos y contento, feliz, recordó la risa disfrazada y la besó hasta dormirse cuando el día decía que era hora de los demás.



"Quiero cantarte un beso,
mas todo se confunde
entre un millón de huesos
y derrumbes...
"


Desde acá, nuevamente, Darío.

La Oscuridad a Diario.

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