miércoles, 22 de diciembre de 2010

Negrito de mierda



No basta que te peguen en la cara, en el cuerpo ya castigado por el tiempo de buscar cartón para vender. No basta ser pobre. No basta ser joven. No basta más que nada ser un pobre joven villero que junta cartón para poder vivir en Lomas del Mirador, provincia de Buenos Aires.
Se puede pedir justicia. Se puede marchar a los gritos. Se puede reclamar que se retire del barrio un destacamento policial con acusaciones de variados crímenes y violaciones a los Derechos Humanos.
Luciano sintió que alguien lo seguía. Luciano, ese negrito de mierda, salió de su casa y no regresó. Luciano se negó cooperar con la policía. Cuyo trabajo ofrecido era robar para los garantes de la seguridad.
El destacamento, solicitado por vecinos que pagan los impuestos y exigen que se socave la libertad de estos villeros de mierda que generan piel de gallina cuando pasan cubiertos con sus gorras y su música, miradas ocultas a bolsos y autos, su origen y descendencia, hasta su color de piel. Un destacamento que se destaca en sobornos y aprietes.
Se escuchó a gritos que se baje la edad de imputabilidad, hay demasiados jóvenes sin trabajos que seguro serán futuros delincuentes. Se escuchó a gritos que se mate a cada delincuente que delinque o intenta o piensa delinquir de joven. Se escuchó a gritos que los jóvenes están perdidos en este país y que son una desgracia. Luciano Arruga está ya perdido y ya es una desgracia.
Si Luciano no apareció, es porque la policía cumplió con lo que suele hacer en el conurbano bonaerense, desaparecer personas, matarlas y amedrentar a los pibes que, según algunos, sugieren que si se nace pobre y en una villa se nace chorro, ladrón, asesino. Si Luciano no apareció aún es porque alguien lo enterró tan profundo que la oscura democracia que supimos conseguir sigue manchada de muerte, sangre y jóvenes sin el futuro necesario.
Luciano, que salió de su casa y nunca más volvió, no es el único.
Pero Luciano es parte de un montón.
Luciano, así como Julio López, así como Gastón Duffau, así como Diego Lucena, así como Miguel Piki Cardozo, así como Gabriel Blanco, así como miles de casos en donde la Policía Bonaerense no es más que un cuerpo represivo, asesino e impune ante la justicia. Luciano no está solo, eso es una mierda.
Luciano salió de su casa y la policía lo golpeó, luego desapareció. Seguramente, con tantos casos similares en dónde los jóvenes siguen desapareciendo o muriendo por culpa de los guardianes del orden y la seguridad de la propiedad privada, un Luciano Nahuel Arruga es eso, un ente, algo que no está ni vivo ni muerto, un desaparecido.




Luciano es uno más.
La Maldita policía Bonaerense,
la Federal y demás cuerpos represivos son asesinos.

Darío de la Oscuridad a Diario
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