jueves, 16 de diciembre de 2010

Manos que hablan


-No hay modos -decía amablemente mientras fumaba con una mano y con la otra tomaba la taza de café desde su pequeña oreja. Acariciaba el borde del pocillo con los labios y una nube densa de humo, mientras regía el orden de las cosas desde la ventana.

_ ¿Ves? - Apuntaba nuevamente desde el vidrio con sus dedos hacia una señora que apenas caminaba, pero perseveraba su andar entre los jóvenes descontrolados por el calor. - A uno le enseñaban a cuidar a los demás, acompañar a esta dama, a salir del camino, a tener respeto.- Bostezó y se acomodó en su silla, mientras apagaba el cigarrillo.

Me senté a su lado, también mirando las caras ajenas que pasaban desbordadas por ser día antes de navidad. En estos días todos corren, vuelan, saltan y se masturban con los regalos para los hijos, primos, tíos, abuelos y demás personas que durante todo el año uno las ignora. Pero es navidad y hay que complacer. Vidas sexuales disimiles y predecibles, rápidas y sin sentidos. Por eso, el “No hay modos” surgía de ser solo un observador.

_ Se les nota en las caras. A todos. ¿Viste cuando los púberes tiene los granos marcados en la cara? Así se nos notan a los adultos, pero internamente, esa falta de sexo. El púber tiene la masturbación al alcance de las manos, los adultos se olvidan de ella y solo se masturban cerebralmente cuando salen a comprar. Hay una especie de goce disuelto y mal entendido en cada rostro. Cuando salen de compras – Y lo comprueba con los rostros de los que llegan recién al centro de compras – Vienen mal habidos, perdidos y sin alegría. Es una pesadilla sus rostros, sus cuerpos machacados por el día arduo de trabajo. No tuvieron sexo la noche que pasó y si lo tuvieron fue sólo para sacar de adentro esa acumulación de carga y dormir plácidos unos minutos antes de levantarse.- Prende otro cigarro y se calla, esperando una aprobación por parte mía, que puede ser un gesto o un comentario.-

Lo miré a la cara y gozaba ver mal cogidos a sus semejantes. Le dí un gesto, no más. Pero que la gente al salir era un éxtasis de locura, más el cansancio de pasar dos horas recorriendo el paseo de compras, no hacía más que demostrar sus teorías tontas, creíbles.

_ Anoche tuve el mismo sexo que describís. Solo fueron unos segundo, minutos de alivio prostático y un goce suave para poder dormir y cumplir ese rol de macho ponedor. - Lo miré a los ojos, mientras me tapé la cara con la taza de té aromatizado.

_ ¿Como los toros? Sólo para poder procrear y acabar adentro de un guante de látex o una vaina de plástico, luego dejar a los especialistas para fecundar invitro. Suele pasar, muchos hacemos eso. Si lo disfrutaste, bien lo tuyo. - Se acerca a la mesa y toma el sobre de azúcar que estaba vacío. - ¿Y tu compañera, pregunto, siente que es de plástico o inflable? - Se tira hacia atrás y mira hacia la nada.

_ ¡No! - Dije, casi seguro, casi convencido, salvo por ese casi.- No, no creo que ella lo tome así. Yo solo me apuré, de excitado, y llegué primero. Pero no porque mi compañera sea una bolsa de plástico ni un poco de papel después de masturbarme. - Busqué una mejor explicación y no la encontré.- Sólo digo que entre el ir y venir de los días uno tiene muy poco tiempo para realizar una tarea de inteligencia al sexo opuesto y llegar a complacer más de una vez en el mismo momento y en la semana. No creo que sea malo un toque, un guante de látex recolector de semen de toro, sólo digo que no lo siento así, ni ella.

_ “Creo” - Me mira y se ríe.- Te faltó el “creo”, porque no te veo convencido.

_ Si, digo. “Creo” es porque mi compañera no está conmigo para refutar o afirmar.

_ Te creo, suele pasar. - Sigue el tiempo vagando por las calles. - Solemos tomar clases de un montón de cosas para nosotros, pero no nos damos tiempo para tomar clases con uno de nosotros. Sentirnos y compartimos. Solemos masturbarnos juntos a distancia en el mismo tiempo. Solemos ir de una amiga y desearla desnuda en miles de posiciones que el kamasutra dispone y luego sólo hablar de cómo le fue con el otro, sin preguntar detalles. Solemos amar los detalles y negarlos. Solemos pasar tiempo con nuestras parejas y no sentir más que un día entero de cansancio, cuando en realidad pasaron segundos. Solemos amar a nuestra pareja y estar convencidos que si la rubia aquella - Apunta a una hermosa mujer, vestida casi sin ropa, sobre el costado de la panadería que anunciaba la nueva ropa interior de una firma – nos da pelota, seguro que haremos de nuestro sexo el ejército de ratones necesarios para durar más de cinco minutos, estar eternamente acabando, gozar y verla gritar cual león enojado por su territorio, pero al fin y al cabo ni la rubia te dará pelota, porque es de cartón y ni llegamos, con toda sutileza, a diez míseros minutos y desplegar nuevamente adentro de un guante de plástico y amar a nuestra pareja nuevamente.

Miré la calle y vi a la rubia en el cartel. Me quedé unos minutos. Miré la hora, el reloj decía que ya habíamos estado más de dos horas hablando de nada. Seguí mirando el cartel.

_ Muy buena masturbación mental. -Dije-

_ ¿Cuál? - Dice y se acomoda frente a la ventana.

_ El cartel. Ese, el que viste.

_ Siempre es lindo jugar solo, mejor es compartirlo.




Me saqué la paja del ojo ajeno.

Darío desde La Oscuridad a Diario.

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