viernes, 29 de octubre de 2010

Tu imagen


Dos de la mañana y el sueño corría descalzo por el suelo frío de enero. En el ambiente no dominaba el aterido piso que se topaba con el verano y formaban espesas nubes de vapor odioso.

Sudado y con sueños revoltosos no dormía.

La cama era una mortal trampa de hastíos revueltos en una salsa de candentes aterciopelados sudores y olores vagabundos y nauseabundos. El sueño se pasea. No quiere reposar al cabeza en la almohada ni subirse a la cama. Caprichosa costumbre y deambula incansablemente.

Un momento en la cabeza habla de tu imagen. Eso y demasiada presión hace que el sueño recorra la habitación con los pies helados y las manos sudadas. Tu imagen plana, pero real. Tu imagen corregida y al natural. Eso y el sueño general, teniente o vigilante que ondea banderas para no volver.

Cuando cerré los ojos ya era muy tarde y no recuerdo -maldita seas- ni al sueño en burlas ni al calor agobiante ni tu imagen. Tampoco lo que te estaba diciendo. No lo recordaré fácilmente y solo así volveré al otro día del mismo mes en una noche similar a caer en insomnio peleando para que el sueño se canse de caminar por el piso frío de una habitación casi vacía de imágenes tuyas.






Tu imagen me llegó, como a Silvio en sus letras.

A las seis menos diez.

Y no pude dormir.


Insomnio de Darío en La Oscuridad a Diario, cuando la oscuridad a diario comenzaba.

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