lunes, 18 de octubre de 2010

Cínico


_¡Cínico! -Gritó a más no poder ante la presencia de su sombra combinada- ¡Cínico y egoísta!
_ Ambas cosas o una y la otra después, lo que quieras - Le contesta marcando el costado de la boca una mueca de risa-
Ella se va de un portazo y no regresaría nunca ni se sabe nada más que aquel portazo. Él mira la ventana del balcón y deja pasar el día entero y los días que vendrán sin pensar en que nunca más la vería o sí, dependiendo al situación.
Él camina los sábados a la tarde para distraerse del resto de la semana. Sube a los mismos colectivos y se baja en los mismos lugares de siempre. Su vida no cambia mucho en los seis meses que lleva desde aquel grito. Sigue mirando la ventana del balcón. Sigue paseando. Va a comer al bar que los unió. Saluda a la misma gente de siempre.
Hace poco, recibió el llamado de un oficial amigo, se enteró que encontraron el cuerpo de una chica mutilado. Arrojado intencionalmente al pozo ciego de una casa abandonada cerca de la ruta. Escuchó con detalles los pocos detalles de la misma información que no aporta más que dudas, pero tuvo una sensación extraña. Se levantó, se vistió de ropa informal. Tomó su cartera y salió. En la ruta se detuvo en el lugar de los hechos. Sacó de su cartera varias cosas y habló con los oficiales mientras prendía el último cigarrillo. Pidió permiso al fiscal e ingresó a la casa.
Seis meses después de los gritos la encontró a ella. Sola. Él sacó dos fotos. Una es para él. Ella estaba inmóvil. Él se acercó, la miró, se ríe y fuma.
Apuntó su lente y la sorprendió con el flash.
Ella lo putea en ese instante y lo saluda bien.
_ La nota es mía – Dijo ella, que había llegado primero al lugar del hecho – No pienses que te voy a dar detalles.
Él la miró, sacó dos fotos más y le respondió:
_ Si, solo soy fotógrafo y cínico, pero no tan egoísta.



Las cosas no son como uno quiere.
Son como se dan.
O se dan como uno quiere que se den.


La Oscuridad a Diario por Darío.

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