domingo, 19 de septiembre de 2010

Sumo


En almohadones blancos te descubrí, tapada apenas con tu piel.
Espaciado de rencores y sobre pasos estallo. Comienzo a caminar por tu espalda, despacio, con los labios y te quejas.
Al oído, sin medir consecuencias, te callo. Susurro tu nombre y de calmo. Bajo, te beso. Bajo más y respiro.
Siento. Tu piel, de montañas. Tu piel se ensancha, libera calor y se estremece. Tu piel y la mía. Tu boca, cerrada, calla.
Al suspiro, guiño. Al aspirar saltas y tu cuerpo se dobla esperando el beso, suave, en los labios. Truncada la operación vuelves y con tus manos atrapas mi escapar cotidiano y me atraes más que lo normal. Aprietas fuerte tus piernas sobre mi cuerpo y quieres que el tiempo detenga de unas vez y para siempre el correr insensato de pasar y te digo que si, que también lo quiero, sin hablar, solo con el calor de mi sangre. Que no es justo. Que me corre por las venas el áspero licor viscoso, necesario, para pedir el permiso delirante de sentirte nuevamente húmeda.
Negamos el conocimiento mutuo.
Negamos el exterior.
Nos hundimos.
Y pides que bese la dureza de la piel tersa por donde se escapan los sabores y el mismo sudor. La lengua, en silueta te recorre, bucea, lineal y en espiral transpira y no te deja de seguir.
Ayer morí, hoy pedí nacer y salí de ti. Tantas veces. Tantos soles. Tanta lluvia. Tantas gargantas aullan y vos sin poder respirar en estos momentos en donde los olores mezclados son enfrascados en cuartos separados de la memoria.
Ató el hilo de baba a su costado de lengua.

-Habló más que de costumbre, señora. No vuelve de sí, estado catatónico diría, y ya no podemos quitarle las correas porque se golpea y se masturba, turbado, por quién sabe que recuerdos- Dijo el doctor.
Sellaron la puerta.
Caminó haciendo ruidos con los tacos que se escuchaban por el pasillo con preciado andar, sintiendo el deseo de no verlo más así.
- Está sólo, doctor – Dijo ella.
Él, sesgado en un inconsciente recuerdo, solo parpadea con el ojo izquierdo una lágrima ante el eco distante del adiós.



“...Estoy buscando una escafandra al pie del mar de los delirios...”

De l'obscurité à Journal, Jacque Causteau, Silvio et Darío.

La Habitación de Van Gogh
1888
Instituto de Arte - Chicago

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