viernes, 10 de septiembre de 2010

No es correcto


No es correcto decir que tus ojos de gatas se lanzaron sobre la presa más indefensa del parque. Pero sí. Es correcto decir que tus ojos de gata saltaron antes que mis ojos de puro placer. No alucino con alucinógenos, ellos lo hacen conmigo como la lluvia moja los vidrios de todas las casas expuestas al crepitar salvaje del agua. Solo miraba la nada, fumaba. Vos sentada del otro lado, mirando mi nada escénica destellada. Dos veces vi que inclinaste la cabeza, junto con los ojos, y boqueaste algo parecido al boqueo que los gatos hacen cuando tienen una presa marcada. Es como un susurro raro. Una melódica canción de muerte y juego. Es algo así como un nada silencioso, pero que se percibe y tranquiliza. No me incomodó. No lo sentí en la primera vez, pero sí en la segunda. Un juego de pupilas danzantes.

Solo atinó a mover el brazo acomodando el cuerpo sobre el sillón. Saltó sobre la presa aquel animal mezclado. Lo orinó, mientras lo contenía del cuello para que solo mueva las patas, y lo regó de perfumes varios. Frotó sus partes sobre las peludas partes de su víctima en danzas excitadas que a la audiencia poco importa; o sí.

La melodía no importaba tanto. El cuello tampoco. Las partes húmedas de su maduro sexo ardían en proporciones bíblicas al igual que Gomorra y este apuraba su lenta agonía a morir enterrado adentro de aquel pan caliente.

Alucinó el día. Todo el día alucinó su presencia. Alucinó sobre los detalles. Alucinó sobre los montajes de la gran obra de arte y se lo colgó en la cabeza como un cuadro, perforando el cráneo para que, a la vista de ella, quede el pedido explícito.

Sus ojos de gata. Su sexo. Sus manos. Su boca. Sus dientes. El ronroneo al son del movimiento.

Su alucinación. Su cartel de regalado. Su sexo. Sus manos. Su boca. Sus fluidos esparcidos por el piso, por el cuerpo y porque a ella le gusta que sus víctimas tengan el final y la somnolencia justa.

Cayó al suelo.

Se levantó.

Se vistió.

Prende su cigarrillo.

Ella duerme acurrucada.

El vuelve a su letargo espacio en dónde la realidad deja mucho que desear. No es correcto dejarla sola y frágil.





Por no saber volar muchas caen según Girondo...

Darío desde La Oscuridad a Diario.

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