miércoles, 29 de septiembre de 2010

Alevosía


No se sabía a ciencia cierta el tiempo que había pasado desde la última tajada y su tiempo de guarda. No era mucho, relativo, pero su sabor aún seguía en la boca. Internamente no quería saber más nada de probar su azúcar nuevamente. Me negaba. Pasaba por la heladera, sabiendo que adentro del congelador estaba tentadora, por lo menos la creía así, tal cual la vi en aquel primer momento.

Hace unos días, al abrir nuevamente el congelador la vi. Cambiada y helada. Increíblemente sonreía ante la presentación tentadora de cortar una tajada importante y probar su sabor. Una torta cubierta era el poder de seducción más grande ante la noche golosa. Solo me tenté. La vi exclamando una probada o me pareció a mí su llamado. Hubo un roce, un momento. Hubo una idea y unas miradas de confites y recuerdos. Hubo un momento de cuchillo y la idea de sacar partido ante la dulzura expresada y ajena.

El tiempo la dejó pálida y con los colores combinados. Los confites tristes transpiraban ante la luz gélida de la heladera. Saqué recuerdos y la puse en la mesada. Ya sin olor, pero el recuerdo es muy importante que, cual perro de Pavlov, hace cómplice los sentidos.

La rodeo visualmente.

Desconfío.

Le pregunto mentalmente su estado.

Me contesta que está bien.

Le pregunto de su pasado brillante y me dice que no lo ha perdido.

La critico y me ignora sabiendo el horario y el recuerdo que tengo por su degustación pasada.

Cuando estoy por cortar una porción, que certeramente apuntaba al medio, y con alevosía pretendía sacar mucho más, para luego olvidarme. Me freno a milímetros humeantes de vapor y diferencias térmicas.

Saco un bolsa de plástico y, sin más que pensarlo unos segundos, la descarto a la basura. Por una torta que otrora sabía a piel de diosas no es motivo de caer desmayado e intoxicado. Se que ya no está. Ahora paso conforme por la heladera y solo siento frío.





...O yo deliro, o me corta tu filo
Hasta el límite de la ilusión
Como despacio, y alargo el espacio
Entre el beso inicial y el de adiós...”




Golosamente desde La Oscuridad a Diario, Darío.


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