domingo, 22 de agosto de 2010

Estamos bien


Salió pronto de su casa. Casco, linterna, botas y la ropa de trabajo planchada, limpia, impecable. Le dio un beso a Fernanda en su frente mientras dormía. Ana lo saludó con un beso grande y un cuidate.

Él esperó el camión que lo pasaba a buscar temprano por la ruta, junto a cuatro compañeros del turno. Se sentó y los vio a todos durmiendo un poco más para estar bien durante las horas de trabajo.

Un beso, un hola, una mano, un amigo y un compañero.

Un beso, el último de Ana hace 17 días. Un hola a sus paisas que esperaban el camión. Una mano para subir al camión de un amigo de años. Un compañero tomó una hoja, escribió una nota y la colocó en una sonda que rastreaba si había aún vida a 700 metros de profundidad en la mina de San José en Copiapó, Chile, que colapsó.

Todos lloraron en la superficie por las pocas palabras que la nota tiene: “Estamos bien en el refugio, los 33”

Ana lloró. El partido entre Colo-Colo y su rival pasó de un minuto de silencio a un minuto de alegría. El país dejó sonar sus sirenas.

Aún Carlos no salió. Está abajo con sus 32 compañeros, amigos, y piensa que la próxima vez despierta a Fernanda y la besa.






Creo que no hay palabras cuando un trabajador muere por causas evitables.

Creo que no hay palabras cuando las cosas se pueden evitar.

Creo que no hay palabras cuando una nota sólo trae “Estamos bien en el refugio, los 33”.



A los mineros de San José, a los compañeros.

Darío desde este lugar del planeta.


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