lunes, 11 de enero de 2010

Silencio


Disipé las dudas
y un mar de arena cubre el silencio.
Mi silencio otorga silencio.
Nada más.

Me lavé la cara con sal,
luego con agua
y no me imaginé ni el mar
ni las olas
ni la frescura del sol calcinando la arena.
Solo vi lágrimas en el espejo.
Mi silencio otorga silencio.
Nada más.




Como el molesto sonido del viento sobre las hojas secas de las temporadas otoñales, sin pena ni llanto, así caigo cuando el castigo de armar el amor cae vencido sobre un silencio de tardes dominicales.
Enciendo la radio.
Te escucho, ronca, triste y con disturbios espaciales acústicos y ya no hay voz ni música. Nunca estuviste en la radio. Nunca estuviste ese domingo otoñal y no estamos ni en domingo ni en otoño.
¿Será que tu silencio es el silencio que olvida su contenido y su pasado?
Tu silencio no otorga nada más que silencio.
Mi silencio también.

Me cansé de escribir por escribir sobre el agua del río.
Quizás las palabras sueltas lleguen a Montevideo, a Colonia o crucen el océano y lleguen al África tropical. Quizás nunca salgan del río.
¿Y si se hundieron?
Ese, el peor de los temores, es mi genuino silencio.



Venciendo la hipocresía
atraso las horas de los marcadores del cruel tiempo.
Cruzo la ventana y miro la ciudad por el balcón.
Sacudo el sudor del mismo resplandor del medio día de calor
y te invito.
Saltemos juntos hoy.
Volemos.
Si por volar, como los gorriones, nos hará libres
no busquemos revoluciones.


Entonces así, en silencio, será una revolución volar.
Y mi silencio no hace otra cosa que sonar a silencio.






En breves, por febrero, La Oscuridad a Diario tendrá 3 años al aire.
Más adelante les cuento un secreto... para el festejo de la oscuridad.

Darío Martin.
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