jueves, 3 de septiembre de 2009

Palabras del olvido



La clave del olvido
es olvidar
La clave del abandono
es abandonar
La clave del deseo
es querer desear sin desear demasiado
morir
morir de vez en cuando
y partir.
Tan lejos que es el mismo olvido.
Dejarme al abandono tomarme de sorpresa
y nacer, deseando nacer
una
y diez veces.



Cuando se pide amor, se pide por lástima.
Cuando se da amor, se da por amor al propio amor. Tan interno, solemne, ingrato y odioso.
Cuando se ve amor, se ignora.
Se aleja por sus consecuencias y se lo destruye por sus causas, sus perturbadas transitorias penumbras.
Se odia.
Pasa, te destruye.
Ingrato.


Nacemos inoculados para la sociedad. Somos parte de ella, nos idiotiza y luego, nos educa. Nos cría. Nos caza, nos busca, nos quiere y nos escupe.
Perdemos las partes claves de las claves todas.
Somos uno más, para ser uno menos.
Nos amoldan al trabajo de rutina y sin trabajo nos amoldan al abandono. Perdemos, de vez en cuando y cuando podemos.
No pensamos. Pero somos libres de pensar lo que nos marcan en pizarras escritas a comando.
Y, si pasa, nos revelamos para que nos maten.


Cuando se pide odio, se pide por querer odiar.
Cuando se da odio, se da odio al propio odio. Tan interno, solemne, ingrato y amoroso.
Cuando se ve odio, se siente.
Se acerca por sus consecuencias y se lo construye por sus efectos, sus transitorias penumbras.
Se ama.
Pasa, te construye.
Amablemente.




No me busques
el odio interno es innato.
Nace
crece
y te fortalece.
Tal cual amor
Tanto
Tan así
Amándome de odios.
Sereno, pienso que odiar es una idiotez
y, de vez en cuando, idiota soy.
Buscaré sentirme amado.
Tan amado y odiado
y diré que por fin,
internamente,
se encontró la justicia que tanto anhelábamos.







Distraído por el rencor, del mismo terror, el odio se vuelve justicia.
Darío en La Oscuridad a Diario
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