lunes, 31 de agosto de 2009

Mamá tierra



Sangrar, como sangra la tierra
entre sus venas,
envenenadas.
Sangrar por sangrar demás,
sangrar como Pachamama, hoy contaminada, hoy envenenada.
Casi viva, casi muerta.




Pachamama tu canto llama y no deja dormir.
Tus hijos del barro lloran porque te ven partir.
Ya no cantan los pájaros de las piedras en donde se tallaron, ya no hay árboles parados defendiendo tu piel. Cantar, por cantar el canto de un nuevo amanecer.
Pachamama estás muriendo y no por envejecer.

Libre los hombres no son.
Libre por el aire ya no corre el viento.
Libre los ríos de color ya no pueden contener el preciado sabor y mata sin querer con sangre de su dolor.
Libres los hombres por llorar, libres serán si al juzgar a los que te hacen mal logran quitar el pesar de las muertes en los campos. Ellos ya no te dan de comer, pocos los que te quieren, pues otro dios ha llegado y quiere verte morir.

Soy tu hijo, mi señora.
No me mates en tu vientre, déjame salir en un parto de sangre y recordaré mi llegada.
Mataré a mis hermanos, mis hijos, señora.
Mataré a cada hombre que no sea de barro.
Eliminaré a los guardianes de los cielos y del espanto.
Mataré y moriré, porque así nos están enseñando, pues este dios que ha llegado, de lejos y enojado, nos quiere para la guerra y no para tu amor.
Cuídame cuando tu polvo de tierra enamorada me cubra en ese campo en donde las balas matan.
Cuídame, perdóname y déjame caer abrazado defendiendo lo que has creado para cada uno de nosotros, los que amamos.




Hombres de barros
todos
salgan.
Hombres de maíz
todos
salgan.
Hombres todos
que quieran a su tierra
es hora
es ahora
la guerra.





Darío, desde tierra, en tierra, hombre de maíz y de barro, de rejuntes todos, esperando.
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