miércoles, 17 de junio de 2009

Noche pasada

La noche, anoche, se puso oscura. No una oscuridad solamente de una noche normal. Una noche cualquiera. Una noche más. Una de tantas, diferente.
Anoche, la oscuridad de la noche solapó al viento del sur.
Anoche, la oscuridad de la noche, fue más oscura.
Anoche, la oscuridad de la noche, aturdía de oscuro.
Anoche, la oscuridad era realmente oscura. Ni la muerte, seguramente, pasó por esta densa y oportuna noche oscura. Ni el viento, que posaba su panza sobre los árboles, lograba ver por donde iba. Ni el ruido, que por algunos momentos eran solo sórdidos lamentos de árboles viejos, quiso desafiar a la oscuridad.
He tenido oscuridades, noches todas. Las de placer, las de ver nacer, las de felicidad llana, la de drogas planas, las de alcoholes sobrios, la de noches y estrellas, las de llorar y pimienta, las de culpas y despiertas.
Pero no noches como esta.
Noches oscuras al aire de las sierras.
Ni mi humo de cigarro se asomaba a mi boca abierta al aire oscuro.
Ni mi gorra, oscura, se comparaba.
Ni mis momentos, mirando la nada, algo oculto tras el manto oscuro, era oscuro como la misma noche de anoche.

Será raro.
Lo escribí en tintas negras.
Lo describí según mis ideas.
Lo vi, padecí y salí de sus oscuridades cuando me fui a dormir.
No era normal.
No era así.
Todo lo contrario.
Todo tan oscuro y solitario.



Describo el momento


He montado la noche
He calentado en pelo al fuego que me cobija
respiro.
Veo la oscuridad, tan oscura.
Es extraño, lo oscuro eterno.
He visto noches.

Todas.

De drogas, de putas, de sexo, de mí
de varios lugares.
Soy noche. Eso, no se paga ni se pide.
Se hace.
Noches como ésta, afuera.

Viento y noche.

No tengo miedo. Nada de esa noche, nada de todas mis noches.
Hoy compruebo que una noche,
pesada, es una noche pasada,
sin nada ni nadie.
Así veo.
Más lejos, la luz de algo viene.
Es la noche misma que intenta no ser así de oscura.
Se, por adentro, que tiene miedo.
Yo lo tendría, si fuera noche, de la misma oscuridad de esta misma noche.
Una noche más.





Darío, en Tornquist una vez más, lejos, tan lejos que la noche misma no tiene lugar ni lamento en esta oscuridad.
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