jueves, 16 de abril de 2009

Conexiones


Miles de cuerpo unidos.
Los diferentes estilos y tus manos.
Las mías por montones
Y tu cuerpo caliente.
Lo encontré hoy, pendiente de amor.
Encontré el mío.
Y los amé a los dos.




Buscar, constantemente, buscar.
La obsesión, el disparo de advertencia, el peligro de azote y tus marcas, tus piernas y tus labios en mi cuerpo.
Lanza mi corazón agitado, bombeando aún sangre, y destrúyelo contra la pared del mismo olvido.
Construye los caminos en que debo pasar, desármalos después, para que no pueda volver, y mírame como me pierdo más de una vez entre tus ojos.
Tu cuerpo, pálido, en esas noches de dolor por las drogas me gusta. Tanto así como el dolor. Tanto así como tu cuerpo. Tanto así como las drogas.
Bésame con aliento a vino, luego persígueme.
Bésame de noche, de madrugada y a la tarde, despertándome nuevamente.
Sólo hazlo. Lo necesito. Lo pido a gritos. Lo siente mi piel. Mis dedos todos desean las húmedas cavidades, sin aliento, y mi extrañada cordura perdura más de la cuenta viéndote retorcer los capilares hasta llegar tus manos al largo manto de tu cabello.
Deséame suerte. Grita en la ventana mi llegada, no prepares la cama, no hará falta, y desconecta los sentidos de esta realidad, no la necesitamos.




Cruzaré medio mar.
Medio planeta.
Medio horizonte.
Y medio cielo.
Pero deseoso por tu cuerpo entero
prefiero perderme adentro
y volver a nacer una y miles de veces más.





Con más aliento, cansado, pero sin retorno de mi. Darío.
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