sábado, 25 de abril de 2009

Caso tal


Regálame la idea
y después
dispárame con tu mirada.
Mátame de amor.
Moriré fulminado.
Y, por ti, seré cadáver.


Me preocupa la locura.
La idiotez, las flojuras y tu cabeza llena de ideas absurdas.
Me preocupan los días.
La falta de conciencia, las noches de soledad y la falta de tiempo a tu apego.

Y las ideas que flotan cruzando las paredes de mis momentos, saltando muros gigantes de poseídas histerias y buscando burlarme de lo que dije, digo y hago, trazando mares íntegros de placer pagano, oficiando locas transparencias de idioteces realizadas. No dejo de mí hacer lo que soy y digo que quiero ser.
Dicotomía.
Y la voz que llama, tranza y pide piedad a los internos ocupantes de mis parlantes amigos imaginarios e insolentes que solo transmiten las causalidades locas, transparentes y animadas de mis días alejados de insoportable dolencia musical.
Inexistentes.


Déjame morir a tus pies.

Déjame.

Déjame salir y ver que el aire puro ya no existe.

Déjame.

Déjame porque no soy ya lo que soy y pretendo ser.

Déjame.

Déjame posarme de vez en cuando y volar cuando yo quiera.


Y déjame, no me preguntes más. Déjame y huye como sueles correr despeinada por el viento gélido de mis idioteces. Destruye mi tiempo, construye tus caminos y solo olvida el lugar que nos conocimos, no el como, y tienta al volver cuando me obligues a comer de tu carne fría, ya muerta.

Pero déjame.
Aléjate.
Destrúyeme.

Y sálvate.

Como siempre.
Como debe ser.

Siento, muchas veces, que mi locura deja de serlo cuando cumple su madura y absurda pauta que es una enfermedad interna causada por este querido factor de pausas contundentes y sangrantes.
Adoro mi ser.
Adoro tu ser.
Adoro más los adornos que buscamos complacer.

Caso tal, dejo en ti tu repuesta.
Caso tal, dejo en ti tu cura de locura.


Una vez enterrado
Lloraré
Una vez alejado
diré que pasó por mí
tu hálito de frescura.
No más que tus alas.
No más ni nada más.




Darío, quizás porque no soy de la nobleza.
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