viernes, 6 de marzo de 2009

Una y mil veces


Ciclo sin fin
Embebido de amor
Trastornos varios sicosomáticos
Exteriorizados y paranoicos
Embebidos de amor




Y después de tanto tiempo
El cuento completo lo pierdo.

No tiene en sí un sueño, pues es sincero al decirme al oído lo que no quiero.
Y después, enojado, maldigo los comentarios inapropiados y me siento dispuesto a perdonarme.
Una y mil veces.

Lograr ver, ya doloroso es el sol que transmite la sensación mórbida de vivir apegado a la maldad de los manjares, y tentarse, e intentarse, las palabras y decir que no a los demás expositores, hoy, ayer antes de ayer y en toda la semana.
Una y mil veces.

El no de siempre y el vómito de locura cansada de andar con el cuerpo a cuesta arrastrado de la jornada completa e inaudita, para contarte, para pedirte, para explicarte, al no tener un oído limpio que escuche.
Una y mil veces.

Y después de tanto tiempo
El cuento súbitamente lo entiendo.

Ya no quiero errar a la ventana y golpearme la cabeza contra la pared, lo pienso, lo admito, lo ruego, para levantarme al otro día pensando en alcohol pesado y drogas varias.
Una y mil veces.

Desprecio lo de todos y a todos los que con ignorancia hablan payasadas, de vos, de mí, de ellos, de los demás y de los que no existen a medias en esta realidad efímera y sin razones. Pero me defiendo y te defiendo.
Una y mil veces.

Y después de tanto tiempo.
El cuento incompleto y comprendido lo rescribo.

Ya no, no más. El dolor causado es proporcional al no entendimiento de los padecimientos tortuosos de los partos acontecidos en largas caminatas de melancolía extrema y suprema. Tengo un problema, si, vos también.
Una y mil veces.

Debería definir el concepto de amarme locamente para ser portador de dicha enfermedad y no dejar que te envenenes de mí, de ti ni de los demás. Entiendo que la vacuna de la soledad se distribuye más rápido que esa infecciosa confusión orgánica.
Una y mil veces.

Y después de tanto tiempo.
El cuento dejó de serlo.

Por eso, una y mil veces, logré hacer lo que dije y quise y siempre seré yo el mismo arrepentido de mis noche largas de hastío local y blusero, de alcohol caro pero bueno, de humos míos de los demás. Fumaré lo que quiera, cuando lo tenga.
Una y mil veces más.




Extraña entraña que extraña.
Llora.
Loca y enamorada.
Busca explicar su propia locura.
Llora.
Y se niega, pues reniega, más de la cuenta.





Y no te digo que no…
Claro, tan oscuro como Darío en La Oscuridad a Diario.
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