miércoles, 4 de febrero de 2009

Sonidos visualizados


Sonido multicolor
Ocaso de muerte
Ráyame la vida
Y píntame con crayón los pasos que doy en la arena



Tan dulce la noche, espera y descansa sobre tus brazos, ausente, lejana, que marca tus labios fríos esperándome solo para besarte.
Allí tienes el mar.
Allí las piedras.
Allí tus ojos.
Allí tus ideas.
Allí todo lo que quieras.
Solo ve, alejada del rocío matinal que se escapa con el primer rayo del sol errante, y entra al frío espanto.

Manifiesto los colores. Sabores de mis ojos que devoran la carne ajena y luego cae sedienta al suelo intentando atrapar el beso de sal y baba espumosa a tus pies. No dejes de mirarme, nutre así tu inhóspito y virgen corazón que ya no late como antes.

Tan así es la locura, rebeldía de las tantas travesías del ser constante y errante, devota de lo imposible, arena de los dedos irritados, que me busca el pecho como un simple disparo.
Allí tienes el día.
Allí nace el dios.
Allí surge la vida.
Allí caen las lágrimas
Allí todo lo que quieras.
Acuéstate de golpe en la arena, solloza por la noche pasada, amarga sensación rasposa, y que cubra tu cuerpo muerto por el tiempo.

Disipado en la razón, drogado por emoción, pero limpio por error, solo intento captar lo que fue, es o será una noche frente a tu mar de sueños eternos.

Allí estoy yo.




No es nada.
Solo eso.
Ya no soy nada.
Y pretendo ser más.
Cuando llegue el momento, seremos tres.
Y los cuatros retozaremos los prados del olvido propio.
Aprende a nadar, cuando crezcas.





La Oscuridad a Diario vuelve. Darío volvió. Vuelvan todos.
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