jueves, 4 de septiembre de 2008

1/3 de lo que viviré




Se puede morir, por morir
pero no se muere por amor.
Ni por dolor.
Ni se nace para sufrir.
Ni se crece sufriendo.
Solo uno hace lo que quiere
y en consecuencia
tiene lo que merece.
Salvo los niños,
ellos solo viven de lo que les damos
y mueren cuando se los quitamos.



Nací un 4 de septiembre de 1975, jueves de lluvia, a las 15:40, en la ciudad de Campana. Horas más tarde me regresaron a lo que hoy es la ciudad en la que vivo, Zárate.
Mi madre, creadora de este engendro sin igual, de origen español y tehuelche, se vino de la provincia de Entre Ríos y mi padre, trabajador incansable en los molinos de vientos que intentaba destruir Don Quijote, de origen franco-italiano también tenía la misma procedencia.
Conviví con un hermano dos años menor, músico desde que recuerdo sus primeros acordes a los cinco años y sus alaridos por expresar la música autóctona, hasta que llegó de lejos mi primo y nos convertimos en tres adorables hermanos varones.

A los 3 años, como un vago recuerdo, viene a mi mente el gol del triunfo de Argentina en 1978 que valió por una copa del mundo. A los 5 años, el cometario de mi tío sobre la portada de un diario que mencionaba que John Lennon moría asesinado.
Por esos años de veranos grises moría un vecino, en una esquina del barrio, por envenenamiento de balas de un FAL, al grito de “maldito comunista”, de la mano de muchachos que bajaron de un auto Ford Falcon verde, pero de eso no se habla ni tampoco uno debe ver morir así a los comunistas.
Soy de la clase que vivió la guerra de Malvinas llorando por los chicos que morían a mansalva. De los que tenían que practicar medidas de seguridad en la escuela Gral. San Martin por posibles bombardeos (Por aquel entonces nos metían debajo de los pupitres y debíamos tener las manos sobre la cabeza, pues el Conqueror, submarino nuclear de la Armada Real Británica, se encontraba por el Río de la Plata con misiles nucleares).
Lloré y grite la victoria de Alfonsín, en las elecciones de 1983 y su asunción como Presidente. Más allá de mi grado de conciencia, era lo que expresaba la mayoría de las personas ante tal evento.
Ese mismo año comencé a estudiar francés con una persona que pasó por mi vida como una madre-amiga más, Cristina, que desconcertada me preguntó si mis padres sabían de esta decisión de estudiar francés en su academia y yo le respondí que no, pero que llame a mi casa para que me dejen estudiar. Francés me llevó 10 años estudiarlo, porque yo lo quería, y nunca lo terminé. Cristina agobiada por una enfermedad me abandonó, cuando, por mis malditas obligaciones laborales, la abandoné primero.
A los 9 años encontré el beso de telenovela de la mano de una persona que quiero mucho y que nunca olvidaré.
A los 10 concurrí a mi primera marcha de protesta, escapados con una amiga, presenciamos parte de la historia de los intentos de golpes que tuvo el Dr. Alfonsín, en su mandato.
Con Walter, mi amigo de infancia, aprendimos a manejar una computadora y a programar Basic para hacer jueguitos en Comodore 64k.
Cuando tenía 12 terminé la escuela primaria con una obra de teatro dirigida y escrita por mí, eso fue un pie en lo que más amo hoy, la escritura.
A los 13, primer año de secundaria, tuve mi primera novia, con lo que significaba la primera novia y el miedo de encontrarme ante el sexo. También comencé a fumar cigarrillos negros, a salir al boliche y tomar whisky, pero eso es otra historia.
A los 14 años me rebelé ante el mundo y corté por lo sano. Grité ante mi familia, que reunida por la celebración de mi confirmación católica, que Dios no existe, que yo no creía en él y que si él quiere creer en mí queda bajo su responsabilidad. Una sola persona se levantó y me aplaudió de 50 concurrentes, mi tía.
Conocí el sexo, de la mano de una puta muy linda. Me puse muy mal cuando a los 17 años la matan a golpes y la tiran en la ruta.
Comencé a saber lo que era ser un militante en un centro de estudiantes, me enamoré sin querer de la presidenta, y me enseñó cosas muy lindas que hoy puedo disfrutar.
Fui suspendido 5 días por protestar en la escuela.
A los 15 años decidí que era hora de saltar más alto y me incorporé a trabajar en una fábrica Química, como aprendiz, dentro del marco de un plan fábrica-escuela, con la negativa toda de mis padres. 15 años duró esa experiencia.
Cristina me invita a estudiar Internet (antes se estudiaba cómo usar Internet) en Atlanta, EE.UU., ella decía que era el futuro de las comunicaciones y que yo, como genio precoz, debía estar allí. Me negué porque estaba cómodo con lo conseguido hasta ese momento. Hoy es de lo único que me arrepiento.
A los 17 viajé a La Plata por capacitación, solo, y conocí gente maravillosa que hasta hoy conservo.
Formé el centro de estudiantes de la ENET Nº1, inspirado en la reforma universitaria de 1918, asumí como presidente y comenzamos un plan de lucha para evitar el cierre de varias carreras. Cuando me fui, el centro desapareció de la mano de los directivos de la escuela y se cerraron cursos.
Me compré un auto y fue como consagrarme completamente de Capitán de navíos de un barco pirata.
A los 19 años conozco a la madre de mi hijo, después de dejar con el corazón roto a la que le negué serlo durante 3 años.
Muere Cristina y no me atrevo a despedirla en su funeral. Lloré en el auto, en la puerta de su casa.
Me recibo de Técnico Químico, la única carrera que terminé, y después me declaro profundamente Guevarista. Para luego pasar a militar en un grupo revolucionario. Comienzo a leer profundamente filosofía marxista y aprendí la dialéctica materialista para ver el mundo, las ciencias y la vida. Me declaro marxista-leninista. Obro en consecuencia y comienzo a trabajar por la revolución de mi país, cosa que hasta el momento pienso que el trabajo fue pobre, y conozco gente increíble de varios espectros de las artes y de la política.
A los 22 me entero, entre llantos y miedos, que nacería Elías. Entre tantos y llantos comienzo a estudiar, de la mano de mi amigo Martín, Comercio Internacional.
Muere Miguel, una persona especial.
Faltando días para mi cumpleaños 23 nace Elías y mi vida cambia 180º.
Nada pasa hasta febrero de 1999 cuando me enfermo de un extraño virus y el miedo a morir me hizo no tener miedo a la muerte.
Comienzo a escribir ensayos sobre economía y política mundial.
Antes del 19 y 20 de diciembre de 2001 nos enteramos del golpe de estado “institucional” a De la Rua y nos preparábamos para un cambio.
Lloré esos dos días de dolor y mi familia me detuvo para que no me vaya a Capital.
Comienzo a escribir mi primera novela en cuentos, pero decido que no será publicada, salvo dos cuentos.
A los 25 decido conocer más sobre el periodismo, ya que abandoné Comercio Internacional, y me dirijo a estudiar con Ismael Garzón, eminencia de Campana. Conozco gente que me cambia la vida y una en especial es la preferida.
Desgastes diarios y un sin fin de mentiras, la pareja deja de ser pareja y nos separamos después de cumplido los 26 años. Elías, con sus 4 años es el más cuerdos de los tres y organiza nuestras vidas.
Luego de tres meses de divagar con mi vida, me reestablezco y comienzo a escribir poesías.
A los 27 años pienso que el periodismo es lo mío y arranco la carrera de Comunicación Social. También hago pareja con una persona que me enseñó que morir está a la vuelta de la esquina y los trucos para no llegar a ella.
Crecí mucho, en lo económico, en lo profesional y en lo personal.
Ese mismo año, 2004, fundamos con un grupo de compañeros de curso el Colectivo Cultural Periodístico de Zárate-Campana, Otras Voces. Duró un año esa odisea que nos llevó lejos, a pesar de las trabas impuestas por nuestras necesidades.
A los 28 años comienzo con mi pareja a editar revistas para un club náutico, en Campana.
Entre mentiras y engaños, propios de mi egoísmo, se diluye la pareja. Con 31 años me encuentro en una encrucijada y en una crisis. Dos meses encerrados en mi oscuridad, escribo las poesías que más amo. Renuncio a 14 años de trabajo y descanso cuatro meses de mí y de mis días, con una depresión que lucha por tirarme.
Esa etapa marco lo que hoy estoy haciendo.
Con 33 años hoy cumplidos pienso que nada está perdido. No me arrepiento de nada, pero si lamento no haber logrado lo que quería en el momento oportuno.
A las mariposas todas les pedí perdón por cazarlas.
Hoy, ya no quiero mariposas. Hoy disfruto lo que quiero, más que los años anteriores.
No me olvido de nada, pero si omito muchas cosas que son propias, mías y tan eternas, como la vida misma.
Hacía años que no realizaba un balance sin depresiones, sin llantos y sin complicaciones. Eso, seguro, es un cambio y gracias por estar a mi lado para lograrlo.





Quien escribe es Darío (Rubén, por mi viejo y Darío por un amigo) el de La Oscuridad a Diario (Oscuridad por amor y a Diario por todos los días de mi vida cazando mariposas)
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