domingo, 6 de abril de 2008

Días de amarguras, en calles iguales.


Podrán sacar los huesos
y cremarlo.
Podrán vejar mi carne
y enterrarla donde nadie sepa.
Podrán pensar que soy
y después de muerto, eso ya no cuenta.
Soy, era y seré lo que siempre queda, nada hoy para mí.



Pierdo, siempre,
y en contactos, con mi propia nada, siento que pierdo más no estando a tu lado.
Triste, recorro las esquinas vacías de mi cama
y recuerdo las tuyas llenas hoy de nada.
Veo, más lejos que de costumbre, que ciegamente me enojé de mí.
Me castigué por no verte y me castigué por quererte más de lo que ambos imaginábamos.
Pagaré la cuenta de ese café que nos unirá para hablar de babeos y jadeos.
Pagaré si no apareces rápido por mi teléfono.
Pagaré por ser como soy, siempre y cuando pague mis deudas anteriores que dejan profundas quiebras todas parecidas.
Ignoraré que días atrás, drogado y ebrio, sonreía a la pared que calidamente me decía, vete a dormir pues hace dos días que no duermes y la cara te vende que aún estás pagando tu testaruda ambición.
Me olvide de mi revolución.
Me olvidé quien soy.
Me olvido siempre por quién escribo y me olvidaré que existo alguna vez.
Pierdo siempre.
Y pierdo siempre y en cuanto aparezcas.
Yo te espero, sobrio, pues pagué ya mi arancel de estupefacientes y no cuento con el dinero para seguir huyendo.
Pues pierdo, siempre que ocurre esto.



Imagino que no llamarás
Imagino que no vendrás.
Imagino un mundo distinto.
Y lo peor de imaginar
es que niego lo que tengo que hacer.
Déjame vivir, pues aun estoy vivo.
Pero no me dejes morir, pues así me siento,
muerto.
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