domingo, 17 de junio de 2007

Trecho y hechos de amor


A todos les digo:
Por amor doy
Mis manos
Mis ojos
Mis días de antojos
Mis corazones rotos
Mi corazón sano
Mis pulmones fumados
Mis aires en vano
Mi aliento añejado
Mis oídos ajustados
Mis corridas al verte
Mis encuentros breves
Mis recuerdos vivientes
Mis días de muerte
Mis horas de angustias
Mis segundos de letargo
Mis dudas
Mis aciertos pocos y muchos
Mis momentos más duros
Y todo lo que pueda donar.
Mi carne marchita
Mis riñones adictos
Mi hígado picado en salsa
Mi sangre coagulada
Mis huesos repuestos
Mis córneas enteras de cristal árabe
Y cada parte que se considere útil.
Usted decida doctor, no tengo apuro, tampoco se donde voy.



Como acto de amor, como suene o como quieras, te daré mi alma extrañada de placer que no existe en mí ser.
Eso es tuyo.
Enamorarme hasta el hartazgo de ya no querer tocarte más.
Ensuciarme en tus días de sudor sobre mí y sentirte en la mañana para reírme de esa noche plácida, amado y amada.


Molecularmente hablando, me desarmo en cada “hola” que me digas y provenga de esa boca que tanto quiero volver a besar o besarla como si nunca la hubiese tocado. Ni yo ni nadie.
Imaginarte tapada de tierra y llorar al suelo porque te ha tomado primero.
Enojarme al punto tal que la culpa de todo la tengo yo, eso es muy valiente y superador diría la psicóloga.
Pero por vos… haría más.
comenzaría la terapia.

Nadar en mares secos al ras del fondo y pescar el más absurdo de los espejos que en un sueño se pueda conseguir.
Lanzar el ataque más sangriento sobre tu cuerpo y ver que solo hacemos el amor una y otra vez en esas noches en que vos y yo posábamos antes de dormir.
Violar los mandamientos de esta sociedad y pasar como si nada ante tus ojos como si hubiese triunfado literalmente una nueva guerra y ver que anteriormente los habían violados muchas más gente, echando a reír absurdamente como estas propias palabras errantes que escribo.

Escuchar hasta la memoria de cada palabra que me quieras cantar, sin importar el tema, ni el autor y ver que yo mismo toco la guitarra, sentado en el piso, cantando a dúo con la ironía de todos los días el desear de una buena vez tocar un instrumento.



Pero,
Más que nada,
Es verte de nuevo.
Nuevo,
Bueno,
Cierto.
Verte, creo eso, claro.



Incansable,
Hoy me rindo.
Solo por ver la cara del enemigo.
Quien diría,
después de luchar tanto,
vuelvo al mismo lugar en donde dejé mis días.
Un copa más, eso bastará para olvidar que ya no quiero más.






Destornillado, girando más no poder.
Darío de La Oscuridad a Diario




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