sábado, 30 de junio de 2007

Sobre vientos


Gastándome el viento
sobre mi rostro marcado
veo mi pasado
y no me invito a repetir el bocado
que de la mano
me das.
Las gaviotas no recitan,
las gaviotas no leyeron,
las gaviotas, solo eso,
vuelan para volar.
Como Juan Salvador,
buscándose en su interior.
Así, mirándome al viento
me veo volar.



Aires.
Nuevos, lejanos.
Posesiva obsesión.
Objeto de observación que plantea diferentes encrucijadas.
Adelanto, paso a paso, mis trastos por esta autopista de miseria.
No me quejo, no ahora.
Pero, soñándome despierto logro entender que este tiempo pasó sin penas ni glorias.
Lejos atrás está el umbral de mis días junto al desafío de los que vendrían. Así, uno a uno, acumulándose en humos.
Hoy, arriándome las velas, encuentro las tormentas.
Nuevamente.
Elegir, camino, tormenta y decidir.
El mar, aún, es cálida señal que lejos no estoy. Que puerto tengo, pero es atrás.
Mirando el horizonte. La brújula apuntándome al norte. Mis entrañas, erosionándome. Las ideas socavándome, pero solo eso y nada más.
El sol se fue.
El sol dio lugar a mi luna que mantiene en alto la espuma del oleaje suave, antes de la tormenta.

Capitán de mis dolores.
Capitán de tus recuerdos.
Capitán de mis temores.

Ojos abiertos, son tus gotas de encuentros.
Manos sedadas, entre cuerdas y cabos mal atados por todo este recorrido tan vano y fugaz.
Evocándome en vida la muerte de mis deseos.
Las lágrimas son mi fuerte.
Ellas, todas, en mis mejillas son mis despedidas en esta partida.
Aires, solo eso.
Respirándome.
Tragándome el moco de no soñar más los cuerpos amotinados en noches de reposo.
Insúltame.
Más no podes.
Aléjame.
Más si podes.
Entiérrame en tus macetas de balcón y deja que la lluvia retome el curso de brote que todo amor necesita para poder volver, crecer y dar la flor del esplendor.
Pero no me regañes. Mi barco, más que te extrañe, no deja de ser el mismo de los tiempos de amantes.
Solo madera, papel y estrellas.
Solo eso, más soledad, mas tranquilidad, más el mar y los fantasmas de mis recuerdos todos sobre cubierta.
Y las estrellas.
Ellas.
Junto a las mariposas.
Las que mataba por hermosas.
Ay de ti… el mar es tan profundo.
Ay de mí… el océano es inmenso, complejo.
Tengo miedo de perder toda esperanza de encontrar al ser que logre capturar a este extraño marino.
Igual así lo persigo.
Al son de una canción, la misma que invitó a escribir en mis letras, el ritmo de mis tretas de navegante errante.
Pero, no queda otra.
Quisiera mejorar las notas y pedir ese don.
Cabe destacar lo hermoso: hoy en soledad, el barco que construí, es tan grande y espacioso que entro por las ranuras que deja mi corazón.



Yo,
yo y yo.
Extrañamos a vos,
vos y vos.
De mañana y de tarde.
Yo,
yo y yo
te buscamos explicación.
Vos y vos,
y eventualmente a vos.
No hay otra cosa,
el de elegir.
Pero, si me dan a elegir,
entre todas las vidas,
yo escojo
la piel de Sabina.




De la bitácora de viaje de un viajero que encalló en un sueño y no pudo volver.
Capitán que encalla solo para probar, Darío de la Oscuridad a Diario.
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