miércoles, 2 de mayo de 2007

Juegos de niños



Tal vez tus ojos.
O tus manos que no conozco
No te conozco.

Tal vez tus aromas.
La piel, el cuello o tus labios que no conozco
No te conozco.

Tal vez tus palabras
O tus puntos o tus comas.
No te conozco, por eso solo tal vez.




Realizando espejos en el agua, charcos y lluvias.
En marcando cuadros de mañanas de nieblas, de sol o de luna.
Capturando las horas del reloj todas, me faltan o me sobran algunas o todas.
Pensando que hoy no será, uno ya se acostumbra a extrañar antes de pensar que ya no estás.
Recapitulándote la vida, como intentar caminar hacia atrás por la calle más concurrida.
Reorganizándome, siempre, hoy o mañana empezaré.
Buscándome excusas para no creer, dejo de creer en las excusas y ya no te creo nada, no creo en nada por no creer.
Leyéndome, cuando yo no leo lo que pongo sobre el papel y te leo, porque lo quiero escribir en tu piel.
Buscándote, tan oportuno, como buscándome a mí, tan espantado, una vez me encontré.
Caminándome la vida, hoy estaré. Donde quieras que vaya, ahí estaré. Pero apúrate, el sol sale, se esconde y lo vuelve hacer, sin que lo pidan. Nosotros no, no tanto o solo por primera vez.
Acostándome del dolor, gustoso placer que solo los mortales renunciamos algunas veces.
Predicándome, una y otra vez, tus palabras todas, desde hoy hasta ayer.

Y tal vez, alguna vez, me veas.
No te conozco, como te encontraría.
Y me dirás, con un cartel, estas son mis palabras, quiéreme otra vez.
Y yo, ignorándome el día, no te vea. No porque no quiera, solo porque de cierto, no te conozco, no sé quien es, la del cartel.

Y solo tal vez.
Si te presentaras.
No diría, ni una vez más, no te conozco.
Pues, saldría, te besaría
como un amigo,
amante de amoríos
o solo diría,
Yo te conozco,
hoy has venido,
sin que te llame,
sin compromisos,
sin excusas obvias,
sin laberintos,
quédate conmigo.
Aquí si sirven un jugo,
bien exprimido.




A tus pies
Caigo como el agua de lluvia que canta en los techos al amanecer.

A tus manos
Caigo tendido suavizado en abrazos y llantos.

A tus labios
Caigo embriagado más de una vez y siempre, esta y otra vez.

A tu cuerpo
Caigo y me fundo y te confundo.
A tu juego
Caigo y me remito, me derrito.
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