jueves, 22 de marzo de 2007

Tantos cambios


Suele argumentarse, que dios proveerá.
También, que esto pasará.
Que el mundo tendrá paz.
Que es mejor malo conocido,
que bueno a conocer.
Tantas idioteces
y el mundo se embellece,
cada día,
por todas estas palabra,
en vano
al desgano
de los que creen.



Con tan poco,
uno tiende a explicar.
Fundamentos, teorías, recursos que suelen llegar, ante las crisis todas, las que sobran a los demás.
Con tan poco,
uno suele conformarse.
Sin ideas, sin remedios, sin sentidos y con mucho misterio.
Con tan poco,
solemos vagar errantes y a los golpes, contra muros y suelos tan cercanos a nuestros egos.
Pero, con tanto más, ni poco ni mucho, vemos la revolución de nuestro corazón a la vuelta de la esquina.
Esos cambios, anestesiados, nos aletargan y nos frenan, más que la misma pena de llorar el pasado.
Con tan poco, lloro sentado sobre la misma piedra de piedad que sucumbe mi vida.
Aquí, sin explicación, me enfrento a mi dolor.
Con tan poco.
Que imploro por más material especial para poder sobrevivir a mí, a mi espejo, perplejo de tanto color oscuro que irradia y repite constantemente sobre los demás.
Pero, con tanto más, vemos el sol vencido ante el tiempo que lo devora para masticarlo, consumirlo y digerirlo a la tarde y ante la mañana, que no es más que parirlo sobre el rumbo del nuevo mundo.
Y nosotros, los citadinos, iluminados por le rey astro recién nacido vemos al horizonte, vencidos. Pues la noche nuevamente nos maltrató, en eterna tortura de no deja al alma descansar sobre la suave cama de nuestras eternas vidas. Tan ínfimas. Tan ninfas. Tan musas. Tan divinas. Tan claras. Tan grises. Tan oscuras. Tan abiertas. Tan cerradas. Tan animadas. Tan solapadas. Tan apáticas. Tan alegres. Tan cercanas.

Y yo, con tan poco para ofrecer y mucho por aprender que me lastima mi realidad, el sol y la oscuridad y otros tantos más.




Una lágrima,
sola,
baja por la cuesta de la mejilla,
sola,
buscando una mueca
que sonría
al caer a tu boca.

Otra,
lejana
de pasión,
busca cantar
y secarse
dentro del lagrimal
que la quiso expulsar.

Todas las lágrimas,
de ese niño,
buscan secarse
en este río
de pena.
Pobre niño,
pobre pena,
pobre diablo que espera
el perdón
por la nada.
Publicar un comentario